Spanish poem
¿Por Qué El Tiempo En Sus Alas Fugitivas
by José María Heredia y Heredia
¿Por qué el tiempo en sus alas fugitivas Llevó el siglo dichoso En que abrasaba el pecho en llamas vivas El canto poderoso, Y a los míseros siervos alentaba El yugo a sacudir, y la alta frente Al vencedor sublime coronaba? ¡Tiempo feliz, en que al cantar de Alceo Turbábase el tirano, Y a los triunfos volaba el Espartano, A la fulmínea voz del gran Tirteo! Si piadoso el destino A mi labio prestara Una centella de su ardor divino, ¡Cómo, Anáhuac, tronara, Y contra tus eternos enemigos A devorante lid te levantara! El tirano de España Tras once años de lid, roto y vencido, De su impotente saña En el delirio bárbaro y furores Ordena que sus siervos a millares Dejen los patrios lares Para cubrir a Méjico de horrores. «¡Id», les dice «volad al rico suelo Que Cortés y Callejas desolaron: Sea la ferocidad que allí mostraron Vuestro norte feliz, vuestro modelo!» Al mortífero acento La vela sus esclavos dan al viento, Y al azaroso piélago se lanzan, Sin contemplar su inevitable suerte. ¡Insensatos! ¿dó vais? Mirad la muerte Que en las costas de Anáhuac asentada Tiende su mano pálida, y erguida Con placer infernal suyos os nombra. Vuestra invasión no asombra A los libres de Méjico ¡Miradlos! En ira santa palpitando el pecho Os aguardan, y más que la existencia Estiman denodados Su libertad, honor e independencia. ¡A las armas, Anáhuac! y de guerra El grito suene salvador, sublime, Y el patrio fuego por do quier anime, Y de acero y furor vista la tierra. ¡A lidiar! ¡a vencer! ¡De sangre ibera Sediento el suelo está: su ardor saciemos, Y en despojos sangrientos de tiranos Perenne trono a Libertad fundemos. Muerte, baldón al que la lid rehusare. Y prefiriendo a Libertad el yugo, La patria y el honor menospreciare! ¡No! ¡Jamás dejaremos Que de la Independencia en la ruïna Con funesta victoria Hunda un tirano el porvenir de gloria Que grato Dios a nuestro afán destina! ¡Jamás a la alta mente Servidumbre fatal frene su vuelo, Y audaz nos vede levantar la frente, Y dirigirla sin rubor al cielo! ¡Antes muramos que su indigna planta Conculque las cenizas De doscientos mil mártires!... ¡Oídlos! ¿No escucháis cómo claman Desde sus tumbas con terrible grito, Y a lid y gloría y libertad nos llaman? «¡Mejicanos, alzad! No divididos Por odio vergonzoso En peligro pongáis el don precioso Que con mano sangrienta os ofrecimos, Y por cuya conquista en mil combates Al seno de la muerte descendimos. ¿Hoy a nuestros verdugos Dejaréis que derriben de la Patria El sacrosanto altar, su altar querido, Sobre nuestros cadáveres alzado, En tanta sangre y lágrimas bañado, Con tantos sacrificios adquirido? ¡No! circundadlo en torno, El juramento espléndido, sublime, De vivir libres, o morir con gloria Truene do quier, y en letras de diamante En el ara esculpid; ¡Oh Mejicanos! ¡Rencor eterno, muerte a los tiranos!» ¡A los tiranos muerte!... ¡Yo lo juro, Sombras augustas! Mi alma enajenada Cede al Dios que me inspira Dejar la grave toga y blanda lira Para esgrimir la vengadora espada. ¡A lidiar! ¡a vencer! ¡Con brazo fuerte Presto en el Océano Hundamos para siempre los pendones Nuncios infaustos de opresión y muerte, Y al Anáhuac respeten las naciones! El clamor lamentable De la española rota el mar pasando A Cuba llegue, su cadena impía Destroce al fin el águila triunfante, Y sus alas soberbias agitando, Hasta en el trono espante Al opresor de Iberia. En sus altares A Libertad afirme la Victoria Y de Méjico aplaudan a la gloria Del Norte y Sur los apartados mares.
¡Rencor eterno, muerte a los tiranos!»