Spanish poem
Mi último pensamiento
by José Rizal (1861–1896)
¡Adiós, patria adorada , región del sol querida! Perla del mar de Oriente , nuestro perdido edén; á darte voy alegre la triste , mustia vida. Si fuera más brillante , más fresca , más florida, también por ti la diera, la diera por tu bien.
En campos de batalla, luchando con delírio, otros te dan sus vidas, sin dudas, sin pesar; el sitio nada importa: ciprés , laurel ó lirio, cadalso ó campo abierto, combate ó cruel martirio, lo mismo es, si la piden la patria y el hogar.
Yo muero cuando veo que el cielo se colora y al fin anuncia el dia tras lóbrego capuz; si grana necesitas para teñir tu aurora, vierte la sangre mía, derrámala en buen hora, y dórela un reflejo de tu naciente luz.
Mis sueños cuando apenas muchacho adolescente; mis sueños cuando joven , ya lleno de vigor, fueron el verte un dia , joya del mar de Oriente, secos los negros ojos, alta la tersa frente, sin ceños, sin arrugas ni manchas de rubor.
¡Ensueño de mi vida , mi ardiente y vivo anhelo! ¡Salud! te grita el alma que pronto va a partir.
¡Salud!... ¡Oh! iqué es hermoso caer por darte vuelo, morir por darte vida, morir bajo tu cielo, y en tu encantada tierra la eternidad dormir!
Si sobre mi sepulcro vieses brotar un día, entre la espesa hierba, sencilla, humilde flor, acércala á tus labios, que es flor del alma mía, y sienta yo en mi frente, bajo la tumba fría, de tu ternura el soplo, de tu hálito el calor.
Deja á la luna verme con luz tranquila y suave, deja que el alba envie su resplandor fugaz; deja gemir al viento con su murmullo grave, y si desciende y posa sobre mi cruz un ave, deja que el ave entone un cántico de paz.
Deja que el sol ardiente las lluvias evapore y al cielo tornen puras con mi clamor en pos; deja que un sér amigo mi fin temprano llore; y en las serenas tardes, cuando por mi alguien ore, ora también ¡oh patria! por mi descanso á Dios.
¡Ora por todos cuantos murieron sin ventura; por cuantos padecieron tormentos sin igual, por nuestras pobres madres, que lloran su amargura; por huérfanos y viudass,, por presos en tortura, y porque pronto veas tu redención final!
Y cuando en noche obscura se envuelva el cementerio, y sólo restos yertos queden velando allí, no turbes el reposo, no turbes el misterio; pero si acordes oyes de citara ó salterio, soy yo, querida patria, yo que te canto á ti.
Y cuando ya mi tumba, de todos olvidada, no tenga cruz, ni piedra que marquen su lugar, deja que la are el hombre, que la esparza la azada, que todas mis cenizas se vuelvan á la nada, y en polvo de tu alfombra se vayan á formar.
¡Entonces nada importa me pongas en olvido! Tu atmósfera, tus campos, tus valles cruzaré; vibrante y limpia nota seré para tu oido; aroma, luz, colores, rumor, canto, gemido, constante repitiendo la esencia de mi fe!
¡Mi patria idolatrada, dolor de mis dolores; querida Filipinas, oye el postrer adiós! Ahí te dejo todo: mis padres, mis amores! ¡voy a de no hay esclavos, verdugos ni opresores, donde la fe no mata, donde el que reina es Dios!
¡Adiós, padres y hermanos, trozos del alma mía, amigos de la infancia an el perdido hogar! Dad gracias; ya descanso del fatigoso día. ¡Adiós, dulce extranjera, mi amiga, mi alegría! ¡Adiós, queridos seres!... ¡Morir es descansar!