Spanish poem
Piden Que Pulse La Lira
by José Rizal (1861–1896)
Piden que pulse la lira Ha tiempo callada y rota: Si ya no arranco una nota ¡Ni mi musa ya me inspira! Balbuce fría y delira Si la tortura mi mente; Cuando ríe solo miente; Como miente su lamento: Y es que en mi triste aislamiento Mi alma ni goza ni siente. Hubo un tiempo... ¡y es verdad! Pero ya aquel tiempo huyo, En que vate me llamo La indulgencia a la amistad. Ahora de aquella edad El recuerdo apenas resta Como quedan de una fiesta Los misteriosos sonidos Que retienen los oídos Del bullicio de la orquesta. Soy planta apenas crecida Arrancada del Oriente, Donde es perfume el ambiente, Donde es un sueño la vida: Patria que jamás se olvida! Enseñaron me a cantar Las aves, con su trinar; Con su rumor, las cascadas; Y en sus playas dilatadas, Los murmurios de la mar. Mientras en la infancia mía Pude a su sol sonreír, Dentro de mi pecho hervir Volcán de fuego sentía; Vate fui, porque quería Con mis versos, con mi aliento, Decir al rápido viento: ¡Vuela; su fama pregona! ¡Cántala de zona en zona; De la tierra al firmamento! ¡La dejé!... mis patrios lares. ¡Árbol despojados y seco! Ya no repiten el eco De mis pasados cantares Yo crucé los vastos mares Ansiando cambiar de suerte, Y mi locura no advierte Que en vez del bien que buscaba, El mar conmigo surcaba El espectro de la muerte. Toda mi hermosa ilusión, Amor, entusiasmo, anhelo, Allá quedan bajo el cielo De tan florida región: No pidáis al corazón Cantos de amor, que está yerto; Porque en medio del desierto Donde discurro sin calma, Siento que agoniza el alma Y mi numen está muerto.