Versos Spanish José Santos Chocano Ecce Homo

Spanish poem

Ecce Homo

by

Listen in the reader

Cuelgo mi arpa en un sauce, al fin rendido, cual los bardos llorosos de Israel. ¡Ojalá que haya en mi sepulcro un nido, como en boca de león panal de miel! Flébil el corazón, mustio el cerebro, quejas al viento doy, llantos al mar: soy un molino que mis aspas quiebro cansado sólo de girar, girar... Molino roto, cada vez que siente el soplo que otros tiempos lo animó, cual simbólico signo, lentamente traza en los aires un inmenso ¡No! ¿Para qué resistir? La vida entera es un ábrego, un soplo, un huracán, que de tanto agitarnos la bandera la desfleca en jirores que se van... ¿A qué luchar? La cumbre desolada se fatiga de tanta tempestad. ¡Nunca por nadie luchará la espada de este libertador sin libertad! Rendido así, mi espíritu se opaca, por más que entre los cánticos sin fin, en mis nubes, redondo se destaca el sol como una boca de clarín. Rendido así, como cuartel de invierno que la tropa de ensueños escogió, tengo en mi alma cenizas de un infierno que un soplo de los cielos apagó... Tranquilo al fin, sin que ya pueda nadie mis dulces paraísos profanar, ¡apagada la hoguera, el nimbo irradie! Laguna quiero ser, ya que fui mar... Mi alma es como un vetusto lazareto, donde los sueños que enfermó el ideal rezan fervientes con afán inquieto el —Líbranos, Amor, de todo mal... Vate desorientado y sin ventura, encontré como solo porvenir un odio que me cava sepultura y un amor que me ayuda a bien morir... Soy como un seco pajonal quemado que un sueño de cenizas duerme en paz, con los surcos borrosos del arado sobre la gris desencajada faz... Conforme con mi suerte, a ella me inclino como la palma al golpe del simún; mas no daré —si cambia mi destino— un solo bien por el dolor común. Egoísta, ya nunca en mis enojos al engreído déspota heriré, por ese pueblo que después los ojos vuelve con duda á quien lo vio con fe. Silente, mudo, sin cantar... ¡Mentira! ¡Mentira que esté nunca sin cantar! Mientras tenga en mis manos una lira, —salvavidas del alma— échenme al mar... Mi musa es el magnífico incensario que, en las misas sangrientas del dolor, amontona en las grietas del calvario cenizas de ternura, ascuas de amor... Descuelgo mi arpa, pero estoy rendido; Canto, pero no canto con afán; ¡porque he encontrado en mi sepulcro un nido, pero de aves que nunca volarán!...