Spanish poem
Tú Sabes, Circe Mía
by José Selgas
Tú sabes, Circe mía, Que tus hermanas las hermosas flores, Aunque parecen llenas de alegría, De esperanza y de amores, Tienen también sus horas de agonía Y de pena cruel y sinsabores; Y sabes que, preciadas, Hay flores vanidosas, Y que hay flores también desventuradas: Que no es el solo bien el ser hermosas. Quiérote decir esto, Circe bella... Mas una historia escucha, Que a contarte me obligo; Y si piensas en ella, Comprenderás muy bien por qué lo digo. En la bordada orilla De un manso y melancólico arroyuelo, Brillaba con lujosa maravilla Una camelia pura, Delicioso modelo De fresca juventud y de hermosura. De su tallo arrancada, Y en la margen amena Marchita y deshojada, Otra camelia ¡ay triste! se veía, Que de pesares llena, Entre las hierbas húmedas yacía. La camelia lozana, Arrogante y hermosa, Y como hermosa vana, Miraba desdeñosa El triste llanto de su pobre hermana. La flor marchita la miraba en tanto Con lánguida dulzura; Y dando tregua a su callado llanto, Dijo con amargura: —«También yo tuve deliciosas galas, Y joven hermosura; Y lejos de pesar y de congojas, Los céfiros rizaron con sus alas El doble manto de mis dobles hojas; Yo también he vivido Al dulce amparo de dichosa estrella, Y también, como tú, también he sido, Casta, y gentil, y virginal, y bella. »Mas supe que era hermosa Me lo dijeron tantos a porfía... Que me hicieron soberbia y vanidosa; Y sólo apetecía, ¡Oh, locas esperanzas!, El soplo venenoso De pérfidas y torpes alabanzas. »Una mano traidora Cortóme un día de mi tallo hermoso, Y —Flor encantadora, Me dijo con acento cariñoso: Si tan hermosa eres, ¿Cómo en la soledad y en la tristeza, Sin lujo vives y olvidada mueres? Ven, y serás el sol de la belleza, Y la reina serás de los placeres.- »Y fui: y en el exceso De mi cruel locura, Presté mis hojas al impuro beso, Y cayó marchitada mi hermosura. Después... los que admiraron Mi fresca juventud y lozanía, Pronto me abandonaron A mi eterno dolor y mi agonía». Calló la flor, pero siguió llorando; Y al oír sus congojas, La camelia feliz, triste y temblando, Cubrió su cáliz con sus dobles hojas. Nunca turbe esta historia Tu cándida alegría; Mas tenla en la memoria, Y no me olvides nunca, ¡oh Circe mía!