Spanish poem
Ayer
by José Tomás de Cuéllar (1830–1894)
POR siempre huyó!... Fantasma vaporoso De mi perdido ayer, adios: tu giro Sigue doquiera entre tinieblas densas De mi laúd el fúnebre gemido.... ¡Adios! ¡adios!... Hundístete liviano En las horas que fueron: el abismo Se presentó ante tí: raudo volaste Como un ave que cruza en el vacío....
Sí; y aún te sigue el doloroso acento Que lanzo en mi continuo desvarío, Y te miro, fugaz, como una sombra, Sepultarte en el cóncavo infinito, Como se pierde en el parduzco fondo, Al espirar el sol en su camino, El roble colosal que en lontananza Entre los bosques se destaca erguido; Mas tú no volverás á presentarte Ante mis ojos, como el roble altivo, Cuando aparezca tras los altos montes Del nuevo sol el resplandor divino. No, no, jamás; que entre las sombras cruzas Deja impalpable eternidad perdido, Y ni la luz de plácidos recuerdos Alumbra tu contorno fugitivo. Un sueño fué que aletargó mi mente, Pero ¡ay! un sueño del Edén traído, Para un instante enagerar el alma Y hundirla en el tormento de improviso... Todo acabó: la hiel del desengaño, En vez del néctar del deleite libo, Y en mi agudo dolor, dentro del pecho, Del corazón me cansan los latidos.
Sí; la ilusión de la mujer que amara Se ha trocado en crudísimo martirio, Y los momentos de placer y gloria En horas ¡ay! de matador hastío. Marasmo por doquiera, horrible tedio, Sombras no más de aquel Edén perdido. Nublan mi porvenir como la bruma Que entolda los espacios de zafiro. ¿Y he de arrastrar mi vida como arrastra Pesados hierros infeliz cautivo, Cual tosca cruz á cuyo enorme peso Me quede á la mitad de mi camino?... ¡Ayer, ayer! imágen de mi gloria! Tibio reflejo del deleite mío, Crepúsculo fugaz, del arpa de oro Encantador y postrimer sonido! Si ya no has de volver, si en ese oscuro, Horrible y profundísimo vacío Las horas que pasaron se sumerjen. Perdiéndose en sus senos infinitos; ¿Dónde hallaré la paz? ¿Acaso pueda Vivir sin fé? vivir es un suplicio; Vogar en este océano borrascoso, Sin velas ni timón, al albedrío
De procelosos vientos ¡ay! ¿á dónde, A dónde me conduce mi destino?... En tanto del dolor el hondo vaso Apura sin cesar el labio mío: Del loco mundo la algazara loca Llega con lentitud á mis oídos... Ellos cantan y ríen... ¡dichosos seres! En los deleites siempre confundidos, Rodeados de célicas beldades De lánguido mirar y talle erguido... Ya los escucho... del festín alegre A mí llegan los plácidos sonidos, Y contemplo al través de esas ventanas Del raudo wals el voluptuoso giro... ¡El amor! panorama delicioso, Almo consuelo del mortal, alivio Del agudo dolor... ¡ay! yo no puedo Ufano penetrar en tu recinto!... No; que contemplo la pomposa fiesta Al pié del muro que me niega abrigo; Y no hay un sér en la callada noche Que recoja mis íntimos suspiros, ¡Ah! todo causa al corazón pesares. Todo acrecienta mi dolor: el giro
De las pesadas nubes que se agolpan; Los lívidos relámpagos... el grito De los siniestros cárabos nocturnos, Y entre los secos troncos el zumbido Del viento pertinaz... de las cascadas El lejano rumor, y de contino De los reptiles asquerosos suenan Los prolongados, lúgubres silbidos. Y á este cuadro de horrores que me espanta, Para aumentar mi bárbaro suplicio, Se unen los ecos del festín alegre... ¡¡Callad!! ¡no suenen vuestros torpes gritos! ¡Callad, por Dios... estúpidos sarcasmos Son vuestros goces á mi mal unidos. ¡Cesad! cesad! no vibre en vuestros labios El torpe beso del amor lascivo... Ah!... ¡cuánto herís al corazón!... No quiero Prestar á vuestro acento mis oídos; No quiero ver vuestras volubles formas, Leves girando en el salón sin tino; No quiero presenciar vuestros amores, No quiero ver vuestro placer maldito!... Pero ¡ay! á mi pesar buscan los ojos De ese festín el deslumbrante brillo,
Como buscara el ciego infortunado Del claro sol el resplandor divino! La sed del alma que mi labio seca Me mueve á contemplaros... los sonidos De la vibrante orquesta; de la seda Que roza un pié los lúbricos crujidos; La voluptuosa y lánguida mirada De la beldad; el pecho alabastrino Que ondula ténue del amor al soplo.... Una sonrisa de pasión.... ¡Delirios De la exaltada mente! un solo instante De calma conceded al pecho mío: No me abrumeis; que plúgole severo De la dicha apartarme á mi destino, Y no me deja penetrar en donde Ayer fuera mi ameno paraíso... ¡Ayer! ¡ayer! imagen de mi gloria! Tibio reflejo del deleite mío, Crepúsculo fugaz; del harpa de oro Encantador y postrimer sonido!... ¡No has de volver jamás! bajo mi planta Encuentro un yermo estéril y sombrío... Del porvenir el horizonte oscuro Solo se enciende al resplandor rojizo De fúlgido relámpago... ¡¡Crucemos El dilatado erial, laúd querido!!