Spanish poem
05
¿Es cierto? y aquel hombre que sentado con Beatriz estuvo fue el bandido? ¿es á quien tanto Carlos ha ultrajado y á quien tanto el Doctor ha defendido?
Infame desertor de sus banderas, jugador, libertino y pendenciero, lleva sobre él las leyes mas severas… y parece no obstante un caballero.
Es buen mozo y galan con las mujeres segun dice el Doctor, y en desafios siempre triunfante; en varios pareceres puede andar su virtud, mas no sus brios.
Quiérenle sus soldados, le respetan los mismos que condenan sus extrañas proezas: los bandidos se sujetan á obedecer su voz en las montañas.
Valiente en el ejército, valiente ante el severo juez que le condena, mira el peligro con serena frente, y aguarda el porvenir con faz serena.
Mas si un dia, Beatriz, os veis acaso en un trance fatal, pedidme ayuda; si un hombre os puede echar de este mal paso no faltará jamás quien os acuda.
Tal oferta á Beatriz hizo partiendo por el sendero que á los montes guia, si su suerte se cambia prometiendo volver ante sus ojos algun dia.
Su semblante no vió con el embozo Beatriz, ¿mas qué importa su semblante? si ya la inclina hácia el gallardo mozo su oferta liberal y su talante.
No fuérais al convento la previene á poder yo estorbarlo: y el convento asi sin fuerzas ni salud la tiene, y es á él volverla de su Padre intento.
Luego el único ser que la es extraño, el solo que la dan por enemigo el solo es que se duele de su daño, y se la ofrece valedor y amigo.
¿Y qué estrella fatal ponerla pudo al claustro destinada aun no nacida? ¿Tiene ella un corazon seco y desnudo de afecciones al mundo y á la vida?
Tal en su lecho Beatriz pensaba y en tales reflexiones se perdia, y mas la idea del convento odiaba cuanto el tornar á él más cerca vía.
Y en estos pensamientos su espíritu embebido, cayó del sueño en brazos la triste Beatriz: y entre sus negras sombras la sombra del bandido se muestra, de ventura cual precursor feliz.
Los pálidos fantasmas de sus penosos sueños, que en pesadilla odiosa la asaltan en tropel, se tornan en alegres espíritus risueños, que giran y que bullen en derredor de aquel.
No alcanza su semblante por bajo del embozo, mas sus brillantes ojos sobre el embozo ve, y al fuego de sus rayos, henchido de alborozo, el corazón la late cobrando nueva fe.
La oferta generosa que con osado aliento la hizo al despedirse, su acento varonil resuena en sus oidos como de manso viento el plácido murmullo en el pintado abril.
Ya en sueños imagina que espuesta en el desierto, y abandonada y triste, y descarriada va, y en el lejano monte por el camino cierto la sombra bienhechora para guiarla está.
Ya sueña que á la orilla de rápido torrente la tienen los bandidos para arrojarla en él y en medio de la turba parece de repente, y tórnanse las peñas magnífico verjel.
Y ¡ay triste de la hermosa que en los delirios fia de sueños que embelesan su mente juvenil! de su soñado cielo la arrojan algun dia en el hediondo cieno del apetito vil.
¡Ay triste de la niña que confiada adora el ídolo que crea su ardiente corazon! El frio desengaño bajo su templo mora, y seca con su soplo la bella creacion.
Amor entra en su alma como galan rendido un porvenir mintiendo pacífico y feliz; mas de ella apoderado se torna en un bandido… ¡ay! ciérrale tu alma ¡oh hermosa Beatriz!
Un vago pensamiento que sin violencia nace en hondo sentimiento trasfórmase traidor. Despues deseo ardiente, si se desprecia se hace, y al fin concluye siendo desatinado amor.