Spanish poem
05
Del Leviatán terráqueo contra el poder ignoto que tiende las ciudades y montes de través, sobre los tumbos de ebrio del ciego terremoto, los genios sólo pueden asegurar los pies. Granada, si tu suelo por él ha de ser roto, si hundirte por sus grietas te sientes y te ves por ley a quien no hay otro que Dios que ponga coto, y ley que de la tierra desaparezcas es… ¡Encanto de los ojos, nidal de la alegría, luciérnaga entre abrojos, cocuyo en un ciprés, hurí plantel de antojos, edén de Andalucía, si Dios en sus enojos de su haz te borra un día… ¿quién en tus montes rojos te cantará después? Yo habré ya muerto: mudos, ya mis cantares a despertar perdidos no irán los ecos de tus Torres-Bermejas ni de Comares, que ya ciegos con tierra tendrán sus huecos. ¡Granada mía! Dios afirme tus montes hasta los mares: Dios encaje tus torres en sus cimientos, Dios mantenga tus arcos en sus pilares, del globo equilibrando los movimientos: y ¡ojalá! un día vuelva en que vuelvan todos tus moradores a salir a las puertas de sus solares, y vuelvan a ajimeces y miradores a asomar su risueña fisonomía las muchachas alegres de tus lugares, a oír de estos cantares la algarabía que trae su ritmo, origen y melodía, de cristianos, muzárabes y mudejares; y ojalá que conjuro de tus pesares, sea, gentil Granada, mi poesía, y que por ella brille fija en el cielo tu buena estrella.