Versos Spanish José Zorrilla 08

Spanish poem

08

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Las cinco. ¡Partamos! Ya hierve el vapor; Ya el ancla levamos; Ya libres vogamos Entre humo y espuma y estruendo y pavor.

Ya rompe la quilla Por la agua revuelta, La máquina suelta Del buque acelera la marcha veloz: Ya de una á otra orilla La ría se ensancha; Como una avalancha Bajamos, las aguas turbando en redor.

La débil barquilla que al paso nos halla, Con la agua espumosa perdida batalla Del rastro que abierto dejamos en pos; Sobre ella meciéndose, Con canto grosero y accion libre y ruda, Con voz y con manos tenaz nos saluda Perdiéndose al lejos inglés pescador.

La gente marina, Sumisa y activa y atenta la oreja Al grito de mando, su buque apareja De un lento cantar al monótono són: Nosotros viajeros Que, al irnos, detrás de Inglaterra dejamos Tal vez cuanto habemos, tal vez cuanto amamos, Acaso lloramos oyendo su voz.

¿Quién sabe la historia Con cuya secreta doliente memoria Cada uno que parte en este momento Secreto tormento se dá al corazon? Tal vez al influjo Del fuego escondido de dentro que arde, Sin fé, arrepentida, nuestra alma cobarde Quisiera á la orilla volver con amor.

Voguemos: ya es tarde; El mar que nos sorbe Muy pronto en el orbe Va á aislarnos en medo de su honda estension He allí ya sus olas: Ya en él nos lanzamos, Ya en él navegamos Las olas hendiendo con hondo rumor. La tierra se pierde

Velada entre nieblas: La noche en tinieblas Nos sume… ya estamos á solas con Dios.

Uno tras otro en silencio La popa del Paraná Mis compañeros dejaron. Quién, no pudiendo quizás Con su tristeza, fué á solas En su cámara á llorar. Quién, mercader avariento, La futura utilidad Del viaje en cifras confusas Fué á solas á calcular. Quién, que á incógnitas regiones Sin fé ni esperanza va Emigrando de una patria Do no ha de volver jamás, Fué á ver si en brazos del sueño Olvida un punto su afan: Y quién, en fin, asaltado Del mareo, fué á buscar En su lecho á sus congojas Un momento de solaz. Yo, que ni cedo al mareo, Ni á avaricia comercial, Ni al recuerdo de una patria Que dejé por voluntad; Yo, cuyo cuerpo de barro Tan sujeto á mi alma está Que ahogo mi dolor físico Con mi früicion moral; Yo, cuya alma se revela Cautiva en mi cuerpo á andar, Cuyas pasiones convierten Mi corazon en volcan; Yo, á quien jamás satisface El deleite material, Que ni cuento lo que tengo, Ni necesito de hogar, Puesto que, huésped del mundo, Ciudadanos universal, Peregrino de la vida, Por la tierra y por la mar Voy cantares entonando En mi bien como en mi mal, Y por do quiera que voy Por mis cantares me dan Una alegre bienvenida Y una sonrisa al llegar, Una compañía amena Y franca hospitalidad… Pero que llevo en mí mismo Un enemigo fatal, Que me esclaviza tirano Y me atormenta tenaz, Que es mi propio corazon, Que destila sin cesar El acíbar para mí, La miel para los demás, Me quedo sobre cubierta A solas á devorar La hiel de mis pensamientos Que en él gotëando va. Mas esta hiel, por mis labios De mi pecho al rebosar, No mortíferos miasmas Por la tierra esparcirá; No irá las almas sencillas A traicion á emponzoñar Con su maligno veneno, Sino que suave saldrá Como depurada esencia En la forma de un cantar, Suspiro ardiente á los cielos De remontarse capaz En un cantar que, aunque libre, Independiente y audaz, Solo la fé y el consuelo, En las almas verterá, Pues bebe su inspiracion En tan divino raudal, que su són es un rocío Tan puro como el maná; Refleja el cielo en el fondo De su limpio manantial, Y á Dios vé, al beber sus aguas, La sedienta humanidad.

Tal es de mi poesía La condicion: solo dá El acíbar para mí, La miel para los demás.