Spanish poem
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Llora, esposa infeliz: tu amor es ido Para más no volver; preso en Lucena Se dejará su corazón tu esposo, Y volverá sin alma cuando vuelva. Sultana de las flores de Granada, Llora; porque en verdad ya no te queda Más consuelo que el llanto que derrames En los amargos días que te esperan. Arranca, pues, tristísima Moraima, Tus rizos de oro y sin piedad cercena, Para hacerte un dogal, de tus cabellos La rica y aromática madeja. ¡Llora, madre sin par desventurada! Ese hijo hermoso á quien con ansia besas Nació cautivo para ser: su cuello Tiene ya la señal de la cadena. ¿Por qué uniste tu amor y tu fortuna De Abú-Abdil á la fortuna adversa? ¿Por qué tu padre te arrancó de Loja, Blanca y olorosísima azucena? ¡Feliz de tí si nunca le dejaras! ¡Feliz si nunca, de amistad en prenda, Tu padre del monarca granadino Al oriental alcázar te trajera ! Tal vez entonces Aly-Athár, contrario Al hijo de Muley, sólo á la guerra Le dejara partir, y no quedaras, Cuando su amparo necesitas, huérfana. ¿Qué has hecho tú, paloma enamorada, Víctima para ser de tales penas? ¿Que has hecho á Dios para atraer los rayos De su furor á tu gentil cabeza? ¡Ay! harto has hecho respirando el aire Que de tu rey el hálito envenena. Nada esperes del cielo que maldijo La raza de Bú-Abdil: nada te resta.