Spanish poem
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l'armi pietose, e'l Capitano Che'l gran sepolcro libero de Cristo.
Con fe profunda y por cumplir su voto de consagrar su espada y su existencia al servicio de Dios, en penitencia de haber entrado en lid y lanzar roto en apoyo del cisma contra Roma, el alma libre de avaricia y miedo, con voluntad sincera, Godofredo la cruz sagrada con las armas toma.
Tan entusiastas, pero más prudentes que las turbas vulgares, que sólo en Dios fiándose, creyentes, perecieron incautas a millares, van tras de Godofredo a Palestina los más nobles guerreros de la Italia, la prez de la nobleza de la Galia, de la raza germana y la latina; y a través de peligros y de azares, atropellando idólatras naciones, ganando tierras y salvando mares, triunfando de asechanzas y traiciones, el valeroso capitán cristiano con prudencia sagaz y firme mano condujo del Oriente a las regiones sus numerosas huestes militares.
Del infierno el furor le opuso en vano de Asia entera y de Livia el pueblo mixto; porque su fe, con el favor del cielo, plantó sus tiendas en el sacro suelo y en derredor de la ciudad de Cristo. Godofredo es el símbolo viviente de su edad, la expresión del cristianismo de su tiempo. Sólo él, veraz creyente, atesorando, incólume, en sí mismo de la Europa el valor y la fe entera; sólo él, exento de avaricia y dolo, realizó el pensamiento de su era; con unos pocos de su temple, sólo él los pendones de la cruz latina tremoló vencedor en Palestina.
Los demás, que eran sólo aventureros, que llevaban sus almas devoradas de terrena ambición por la carcoma; que eran sólo en el nombre caballeros de la cruz, dieron fin a sus jornadas en las ciudades sirias conquistadas, enlodando la cruz que les dió Roma en los harenes torpes de Mahoma.
De cuatrocientos mil que con él fueron, sólo cincuenta mil con él llegaron hasta Jerusalén; pero vencieron, y el sepulcro de Cristo rescataron. Y sólo él, el piadoso Godofredo, el fiel Raimundo, el liberal Tancredo, y unos cuantos valientes capitanes de su ejército ruin, cuyos afanes fueron cumplir la fe de su promesa, llevando a cabo la sagrada empresa de librar a Salem de musulmanes, son los nobles soldados que merecen el nombre de cruzados. A este puñado de héroes solamente debe su porvenir y su existencia, su libertad, su religión, su ciencia, la civilización de Occidente.
Cuando, de fe cual de valor ejemplo, Godofredo elevó la cruz triunfante sobre las santas cúpulas del templo de la santa ciudad, al resonante grito de triunfo de su escasa tropa, tembló el Islam y respiró la Europa.
¡Dios tome en cuenta de sus nobles pechos la fe no más del corazón cristiano, y no la sangre y los atroces hechos que en nombre suyo prodigó su mano!
A Godofredo, en su bondad suprema, Dios de Jerusalén dió la corona; pero el mejor florón de su diadema, el escudo mejor, y el mejor lema con que el tiempo su túmulo blasona, es del Tasso el magnífico poema. Y éste, de un genio personal tributo, fué para Europa de tan gran victoria la única adquisición, el mejor fruto; la Europa hizo ventaja transitoria su hazaña colosal; y sólo este hombre, poeta posterior a aquella historia, con su canto inmortal hizo su nombre cifra perenne de perpetua gloria.