Spanish poem
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Un año después, subiendo de un cerro la áspera loma, que el solitario recodo de un brazo del lago acota, adelantaba un jinete por la soledad recóndita, tal vez buscando una senda borrada, perdida o rota. Alumbra el país inculto con tibia luz melancólica que va desgarrando a espacios los celajes que la entoldan un plenilunio de mayo, que en la tierra pedregosa del silencioso jinete dibuja la móvil sombra. Éste es, vigoroso y ágil, un hombre que su persona de pies a cabeza envuelve en las mallas de una cota. Toca su erguida cabeza con una ducal corona, bajo cuyo guardacuello grises cabellos asoman. No más de espada y merced va armado, y caparazona de malla no más las ancas del tordo corcel que monta: cual si fiando de frente en sus manos poderosas, tan sólo se recelara de acometida traidora. La luna, que sus contornos de espléndidas líneas orla rielando de sus mallas en las bruñidas argollas, le presenta circundado de una especie de aureola que parece, desde lejos, luz de su figura propia; figura de acero, dura, siniestra, amenazadora, digna del agreste cuadro en donde campea sola. A sus pies se extiende estéril una cuesta rocallosa, que accidentan sólo peñas de aridez desoladora. A su frente empaña el lago con sus vapores la atmósfera, donde incansables se ciernen las cenicientas gaviotas. A su derecha, el castillo, entre la niebla brumosa, con líneas negras y rudas el azul del cielo corta; y en su torre del vigía, y en la de aquella más próxima, dos luces que arden anuncian que velan los que en él moran. El caballo, cuyas riendas el caballero abandona, no sintiéndose regido, va con marcha perezosa avanzando cuesta arriba; pero no bien la trasmonta, enarca rígido el cuello, los firmes jarretes dobla, sobre las manos se planta, las orejas encapota, ventea, y fija en un punto la pupila recelosa. El jinete, enderezándose, en los estribos se apoya y en rededor suyo tiende mirada escudriñadora. Allá, al pie de los peñascos, cerca del agua, le chocan informes bultos, que son los que a su caballo asombran. Los temerosos objetos de que aún no alcanza la forma, mientras su caballo esquiva, él con la vista devora. De pronto una idea súbita le asalta: al corcel acosa; resiste el bruto; le clava los dos acicates; bota el animal, no avezado a ayuda tan rigorosa, y entre los bultos, de un brinco bufando a su amo coloca. Los bultos son dos cadáveres que aún tienen de carne y ropa restos y harapos asidos a la osamenta asquerosa. Las de dos caballos yacen con ellos, lo cual denota que allí les dejaron muertos manos y almas alevosas. Los buitres han devorado las bestias y la persona del uno, a quien mal guardaban vestiduras poco sólidas. El otro conserva encima del busto su carne momia, merced a una recia malla que aún se le adhiere mohosa. Llegóse a aquél el jinete: mas como se le avizora, medroso de él, su caballo y le obliga a que se ponga junto al cadáver, el bruto al encabritarse toca con el casco herrado y mueve la seca osamenta cóncava. Al golpe y al movimiento, la calavera redonda dejó de sí desprenderse el aro de una corona. Vióle rodar el jinete con tan profunda congoja como si viera a sus plantas una sierpe venenosa. Rodaba el aro hacia el lago; mas él, que a tierra se arroja, antes que en el agua caiga con ambas manos le toma. Examinóle, y frotóle con la piel de sus manoplas: de una corona ducal era el círculo; las hojas le faltaban, mas tenía las nueve perlas valiosas que para la de Aquitania regaló a sus duques Roma. Al conocerla el incógnito, rugió como una leona que halla su cachorro muerto cuando a su caverna torna. «¡Waifro!», exclamó con un grito de ira y angustia tan hondas que debió oírle el cadáver por quien le lanzó su boca: «¡Waifro!…, ¡hijo mío!…, añadió, ¡maldita sea la hora en que me volví en el claustro al Dios que nos abandona! ¡Alma de Waifro insepulto, la de tu padre te evoca! ¡Ven conmigo por la tierra de tu raza vengadora! ¡No perdonemos jamás a quien nos mata y deshonra! ¡No perdonemos nosotros a quienes Dios no perdona!» Dijo, y su corona echando del lago oscuro en las ondas, se encajó la del cadáver, montó y se perdió en la sombra.