Versos Spanish José Zorrilla Canción

Spanish poem

Canción

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CORO

¡Orgía, dadme flores! ¡Orgía, dadme amores! La vida es un sueño, Y el mundo un festín.

El tiempo nos roba Las horas más bellas; Romped las botellas Y al baile venid, Que al son que murmura La danza insegura, Sueño es de ventura La vida feliz.

¡Orgía, dadme flores! ¡Orgía, dadme amores! La vida es un sueño, Y el mundo un festín.

Soñemos gozando Fortuna tan vana, y el sol de mañana Que vea al salir, Que al son de la orquesta Danzando en la fiesta, No es carga funesta La vida feliz.

¡Orgía, dadme flores! ¡Orgía, dadme amores! La vida es un sueño, Y el mundo un festín.

Diránnos mañana Que somos ceniza, Que es dicha postiza La de este vivir; Mas hoy gozaremos, Dichosos seremos, En tanto olvidemos Origen tan vil.

¡Orgía, dadme flores! ¡Orgía, dadme amores! La vida es un sueño, Y el mundo un festín.

Bailemos, bebamos, La vida es muy corta, Tal vez nos importa Pasarla feliz; Y si al fin perdida Se llora la vida, Gozando se olvida Tan lúgubre fin.

¡Orgía, dadme flores! ¡Orgía, dadme amores! La vida es un sueño, Y el mundo un festín.

Venid a mí brillantes ilusiones Que engalanáis la juventud ardiente; Dadme, dadme fantásticas visiones Con que embriagar la mente.

Suéñelas yo en mi necio desvarío, Y en vistoso tropel pasen risueñas, Como la espuma de sonante río Resbala entre las peñas.

Dejadme, aunque ficción, ver a lo lejos Esa radiante luz de la esperanza, A cuyos ricos trémulos reflejos Un porvenir se alcanza.

Y apartad de mi mente esos crespones Que enlutan cuanto sueño y cuanto miro, Que tornan al compás de mis canciones En lúgubre suspiro.

Yo, que cruzo feliz, libre y contento, De la existencia el áspero camino, Que ayudado tal vez de noble aliento, Cantar es mi destino,

¿Por qué al herir ufano el arpa de oro En amoroso son, lanza perdido, En vez de canto espléndido y sonoro, Fatídico gemido?

Y es en vano buscar cuanto risueño Natura por doquier pródiga brota; De su ventura a mí tenaz empeño, todo el raudal se agota.

He querido cantar, radiante y puro, Al esplendente sol, y apelmazado, Sorbiendo el día nubarrón oscuro, Su disco me ha robado.

Quise cantar las danzas inocentes, Los cándidos placeres campesinos, Y de muertas naciones insolentes Lamentó los destinos.

Quise cantar del águila altanera El imperial y soberano vuelo, Y profano, llegué tras su carrera A llamar en el cielo.

Quise cantar cascadas y jardines, Los brindis y el placer, y ensangrentado, Hice girar en torno a los festines El féretro enlutado.

Quise cantar de púrpura y de llores La senda del vivir entapizada, Y caminé entre abrojos punzadores Hasta el mar de la nada.

Mis cántigas de amor, lamentos fueron, Y ningún amador se holgó con ellas; Blasfemias, mis plegarias se volvieron, Y mis himnos, querellas.

Embriagado cantó la amistad santa, Soñé fraternidad, y huyó el amigo, ¡Que lleva al fin quien desventuras canta, La soledad consigo!

¿Dónde tornar los desolados ojos? ¿Dónde tender las alas del deseo? Truécanseme las flores en abrojos, Y es niebla cuanto veo.

Me dijeron acaso que el bullicio Del loco mundo las tristezas cura… Cada sonrisa me costó un suplicio, Doblando mi amargura.

Tal vez la calma el corazón consuela De la sombría noche misteriosa… Las noches he pasado en larga vela, En lucha congojosa.

Flores: ¿en dónde estáis, que no os encuentro? Vago por el jardín, y nunca os hallo; Las raíces tal vez estarán dentro, Mas no asoman el tallo.

¡Fúlgido sol, espléndidas estrellas, Melancólica luna: yo os adoro! Y al bendecir vuestras antorchas bellas, Mudo os contemplo y lloro.

No importa que la tierra brote flores, El mar corales y los ríos peces, Yo bendigo sus senos creadores, Los adoro mil veces.

Pero al volver al Dios que los ha hecho, Jamás me pareció ni mar ni tierra, Más que un sepulcro, cuyo borde estrecho Nuestra miseria encierra.