Versos Spanish José Zorrilla Las fuentes del Prado

Spanish poem

Las fuentes del Prado

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Las artes de la Grecia principales, de la Iberia ennoblecen la esclarecida Corte, y engrandecen las memorias reales de sus ínclitos Reyes, que la España que envidiar nada tiene a gente extraña.

¡Qué perspectiva sorprendente y grata a la vista presenta la autoridad augusta, con que ostenta en las linfas de plata su temido poder como ninguno los mares enfrenando el gran Neptuno!

Sobre ligero carro suspendido en el mar anchuroso domina de su reino ya el reposo, ya el movimiento unido, y las azules ondas transparentes bajo sus pies se paran reverentes.

Dos terribles caballos escamosos llevan su fuerte carro, que haciendo gala de su ardor bizarro, le arrebatan briosos, provocando los astros de la esfera en su veloz y rápida carrera.

Tres delfines que giran adelante un alto caño tiran que un arco cristalino a hacer aspiran. El otro, más pujante, cruza por medio dellos y deshace en muy menudas gotas el enlace.

Un gran pilón de tierra trabajado recoge entre su seno las linphas juguetonas que de lleno caen a su centro amado, formando un fuerte y armonioso ruido por cada clara gota repetido.

¿Y qué imaginación ya no se eleva al contemplar ufana la peregrina acción de Dios? ¿Qué sana mente hay, si allí no prueba la grande admiración que en sí contiene y la grande obra el corazón no llene?

Parece desafía con sus ojos los leones valientes que no le atemorizan, no, rugientes, sino que sus despojos mira, adornan su carro y le engrandecen y ellos mismos entonces se envilecen.

Parece que a los vientos voladores amenaza tremendo, y el eco de mil voces repitiendo llamándoles traidores, les prohíbe en su reino la amplia entrada sin tener antes él licencia dada.

En frente de Neptuno, otra altanera y no menos hermosa ostenta su poder la bella esposa de Saturno; ligera disputa con el dios la gallardía y a su competidor vencer quería.

Va en un carro tirada de leones, de torres coronada, en su pulida diestra una argentada llave, y unos cordones en la siniestra de las riendas tiene con que el ardor del animal contiene.

Llena de majestad y poderío, parece que al potente dios de las aguas y del gran tridente le provoca con brío y le dice burlando: «Ostenta, ostenta en vano tu poder y el agua sienta.

Cuando yo en mi servicio, la ancha tierra muevo en imperio blando: sigue, sigue feroz siempre templando de tu reino la guerra, mientras yo con pacífico semblante rijo el reino de Júpiter tonante.»

Mil otras fuentes alabar pudiera si el tiempo y los momentos a que me he limitado, mis acentos así no detuviera para alabar en cánticos de gloria de la Corte de España la memoria.