Spanish poem
Las píldoras de Salomón
Vivia en cierto lugar De la Estremadura un juez De ir llegando á la vejez Con grandísimo pesar.
Era el tal un hombre obeso, De gran nariz, buen color, Formidable bebedor... Hombre en fin de mucho seso.
Hombre á quien nunca ablandaron Las desventuras mayores, Ni las palabras mejores Crédito con él lograron.
Hombre de peso y medida Que por los dedos contaba Pero que no equivocaba Número alguno en su vida.
(204) Juez tan recto y justiciero Que tendió con gran pericia La izquierda á la justicia Y la derecha al dinero.
Y así solia decir: «El que dinero no tenga »Que no litigue, ni venga »Justicia mia á pedir.
»Porque si hacerla es mi oficio »No he de ser tan majadero »Que no sea yo el primero »Que goce su beneficio.»
Y con este parecer Y con tan sana opinion Era el oro su razon, Su porvenir el placer.
Vivir bien era su afan, Vivir y gozar sin tasa, De modo que era en su casa no el señor, sino el sultan.
(205) No se escaseaba delicias Ni se negaba placeres, Y su mesa y sus mugeres, Fruto eran de sus justicias.
Egoista hasta lo sumo, Voraz por naturaleza Y de una rancia nobleza Embriagado con el humo,
Era este juez, (sin rodeos) Un ricote de lugar Que nunca pensó en tasar Su ambicion, ni sus deseos.
Tan satisfecho y casado Con sus propias opiniones Como asido á los doblones Que le sudaba el juzgado,
Jamás pensó en su egoismo Que mirar por los demas Debia, ni vió jamás á nadie como á sí mismo.
(206) Jamás su opípara mesa Parásitos asaltaron, Ni sus sentencias fallaron Sino en razon de la presa.
Con mas razon litigaba Quien mas ofrenda esponia, Y mejor causa tenia Quien mejor se la pagaba.
Tal era, amigo lector, Este golilla Estremeño, Que alcanzaba mucho empeño En la corte, y gran favor.
Pues poderosa le ausilia Por su gran privanza en ella Una negocianta bella Allegada á su familia.
Mas es tan frágil, tan vana La felicidad terrena Que toda nos la envenena La desazon mas liviana.
(207) Gozaba este juez sin tino Sin mas bien, ni porvenir, Dejándose en brazos ir De su pródigo destino.
Mas habia un pensamiento En su cabeza empotrado Que le tenia agobiado, Desabrido y mal contento.
La idea de que tan poco La vida mortal duraba Era cosa con que andaba El buen estremeño loco.
Pensar que al fin era ley Imposible de evitar, La existencia abandonar Lo mismo el patan que el Rey;
Y pensar que un grosero Sayal áspero enterrado, Habia de ser pateado Por algun sepultero;
(208) Era un pensamiento cruel Que afanado le traia, Y apechugar no podia El Estremeño con él.
Continuamente al espejo El semblante se miraba, Sobre la edad que mostraba Demandándole consejo.
Y porque de sus cabellos No hubiese blanco ninguno, Arrancaba uno por uno Cuantos encontraba entre ellos.
Y en fin, si medio le hallára De vivir un año mas, Aun del mismo Satanás Las propuestas escuchára.
Consiguiente á esta manía De tropezar con manera Para hacer mas duradera La vida mortal, tenia
(209) Con solo un hombre amistad, Y esta amistad era un médico, Cronicon enciclopédico De su oscura facultad.
Amigo de las botellas Como el golilla, testigo De sus proezas, y amigo Por demas de las doncellas,
Era el único mortal Que osaba delante de él Representar su papel Sin que él lo llevare á mal.
El era quien de las multas Cargaba con el producto Por el seguro conducto De sus continuas consultas.
Y con su docto consejo Y acertadas opiniones Gastaba el juez sus doblones Para no llegar á viejo.
Y asi la melancolía De la vida iban matando En la noche prolongando Las bacanales del dia.
Y asi contentos los dos Aunque con diversos fines, Con récipes y festines (210) Iban del placer en pos.
El médico, del golilla Imperturbable verdugo Iba sacándole el jugo Del juzgado á maravilla.
E iba creyéndose el juez Que con remedios tamaños Iba alargando los años Y esquivando la vejez.
Es una noche de marzo Turbia por demás y lóbrega, En que con ira los vientos Desencadenados soplan, Desiertas están las calles De Medellin, y en la sombra Todo solitario yace Todo tranquilo reposa, Solo el silencio interrumpe La voz destemplada y bronca Del ábrego que se estrella Contra las murallas sólidas Y el ágrio son con que giran En las ahuzas mohosas Las veletas al impulso De las ráfagas sonoras. Era ya tarde y estaba La media noche muy próxima Cuando en la casa postrera (212) De una callejuela angosta, Se oyeron voces confusas De diferentes personas Que del portal se acercaban Por la cavidad recóndita. Brilló la luz de la puerta Por entre las tablas rotas, Jiró la llave y salieron Cinco hombres en faz de ronda. Llevaba el uno delante Encendida una farola Con que alumbraba los pasos De otro que á distancia corta Le seguia y los demas Daban á este último escolta Embozados en sus capas Y asidos á sus tizonas. Cruzaban asi á buen paso Las calles una tras otra Y ya tocaban al término De su marcha silenciosa, Cuando al salir á una plaza Dieron de manos á boca Con la figura de un hombre Que la cruzaba á deshora. Su aventajada estatura, Serena y magestuosa, (213) Su tez y su barba negra Y el traje con que se adorna Su oriental origen pronto Y á claras voces pregonan. Mas no era de Medellin La gente en trajes muy docta Y asi se quedó un momento Ante esta vision atónita. ¿Quién vá?—-(dijéronle) —-Un hombre. —-¡Buena razon! No tengo otra. —-¿Vuestro nombre? —-Es un secreto Que á mi tan solo me importa. —-¿De dónde venís? —-Del mundo. —-¿Dónde vais? —-Donde me arroja El impulso á que obedezco. Mi rumbo es la tierra toda. Por ella camino siempre Sin consultar mi derrota. Donde amanece principia Donde anochece se corta, E igualmente me cobijo En la corte que en la choza. (214) Quedó el juez meditabundo Y con sus miradas torbas Tomando del extranjero Las señas mas minuciosas. Y al fin como quien sospecha Idéntica la persona Con las señales que tiene Repuso con voz de mofa.
Veníos, señor viajero, A la cárcel por ahora Y aclararemos mañana Respuestas tan misteriosas. —-Solo la verdad he dicho Y no añadire otra cosa. —-Mañana habeis de contarme Sin rebozo vuestra historia, Y si me engaño ireis libre, Si sois quien busco á la horca. A esta amenaza el incógnito Con sonrisa melancólica Dijo: ¡Si fuera posible Esa promesa engañosa! —-Ya lo veremos mañana. —-Mañana ¡ay! saldrá la aurora Y á otros lugares la brisa Me arrebatará imperiosa. —-Eso será lo que sea (215) Vuestra merced. —-En buen hora —-Ea asidle y registrarle, Y prevenir que no esconda Papel ni objeto que aclare, Su relacion sospechosa.
(216) De la mañana siguiente Rayaba la aurora apenas, Y ya el juez de Medellin Asentado ante su mesa Con ojos devoradores Registraba una cartera, Que en su pupitre tenia Cuidadosamente puesta. Era un libro de memorias, Mas de tan antigua fecha Que ya de usarlas andaban Todas sus hojas revueltas. Veíase que añadido Estaba en distintas épocas, Segun el papel menguaba Y crecia la materia. Y era indudable que el dueño Conocia muchas tierras, Muchas distintas costumbres Y muchas gentes diversas. Porque en sus hojas se hallaban (217) Corolarios y advertencias De los sucesos mas célebres Que en las historias se cuentan. En seis hojas de papiro Escrita en latinas letras, Estaba de Marco Antonio Toda la historia secreta. Su amor hácia Cleopatra, Las lágrimas de la bella, Su fuga de los Romanos Y su muerte lastimera. Mas adelante unas notas, De oscuras cifras hebreas Con una imágen de Cristo, Obra de mano maestra. Leíase en una parte: «Y oí de su boca mesma Decir esto á Constantino De su madre Santa Elena.» En otra parte decia, «Copia de las cifras negras Con que escribió en una gruta David su salmo cincuenta. Hízomelas ver su hijo Cuando visitó esta cueva Donde iba el Rey pecador A cumplir sus penitencias.» (219) Y eran unos caractéres Inteligibles apenas. Leíase en otra hoja. «En mil trescientos setenta De don Pedro de Castilla, En Burgos ví las exequias.» En otra parte una página De preguntas y respuestas, De el Rey Luis XI de Francia, Y el dueño de la cartera. Aqui variaba el papel Y con pluma mas moderna La escritura ejecutada Leíase toda entera. Habia allí muchas firmas De persona de gran cuenta De Luis XIV de Francia, De Ricardo de Inglaterra, Del emperador don Cárlos De Alemania, y en pos de esta La del cardenal Cisneros y Cárlos XII de Suecia. Parecia que aquel hombre Sabia todas las lenguas, Pues notas tenia escritas De su mano en todas ellas. Y era muy sábio sin duda, (219) Pues las artes y las ciencias Igualmente sometía A su crítica severa. Pasaba el juez muchas hojas Que probablemente eran Aquellas que no alcanzaba Su mezquina insuficiencia. Pero con ansia indecible Se apoderaba de aquellas Que escritas en castellano Suministrábanle ideas. Sobre todo ávidamente Devoraba las postreras Que estaban la mayor parte De historias y versos llenas. Muchas habia de insígnes Desconocidos poetas, De quien por mas que valieron Huyó la fortuna adversa. Mas siempre del juez dejaba La imaginacion incierta Cuanto en las hojas leía De la confusa cartera: Porque esparcidos á trozos En desordenadas piezas Sus misteriosos fragmentos Decian de esta manera:
Jamás me pararé: siempre á mis ojos Se estiende y á mis pies algun camino. Por breñas, por pantanos, por abrojos Sin término vagar es mi destino.
He corrido sin ver por todo el mundo Mas que miseria, ingratitud y dolo, He sentido tal vez duelo profundo Por falta de un hermano vagabundo Con quien girar... pero mejor voy solo.
Que en esa farsa insensata, Esa órgia que llaman mundo Al plomo apellidan plata Y madre á la tierra ingrata Y hermosura al cieno inmundo.
(221) Y si es que brilla en el cielo Tan magnífico farol, Es porque en vez de consuelo Reverberando en el suelo Los ojos deslumbra el sol.
El mundo dijo á la hermosa: «Puro tu honor guardarás.» La hermosa dijo: «Soy débil.» Y entonces la sociedad Encerró el honor en claustros, Y dorando su desman Delante de los cerrojos Alzó traidora un altar ¿Qué debes, muger, al mundo? Guardó tu honor, bien está, Pero por darte la honra Te robó la libertad. Ciñó á tu cuello una toca Que fué para tí un dogal, Que en vez de ahogar tus pasiones Te las hizo acariciar. (223) Puso á tus puertas un templo, Un muro entre la ciudad, Celosías en las rejas, Locutorios para hablar: Y tú en tu largo abandono Con descuído criminal Profanaste el santo templo, El muro pasaste audaz, El mundo á las celosías Te sentaste á contemplar, Y abriste apenada tornos Que al mundo van á llevar En primorosos juguetes Los suspiros de tu afan.
¿Qué quieren esas nubes que con furor se agrupan Del aire transparente por la region azúl? ¿Qué quieren cuando el paso de su vacío ocupan Del cénit suspendiendo su tenebroso túl?
¿Qué instinto las arrastra? ¿qué esencia las mantiene? ¿Con qué secreto impulso por el espacio van? ¿Qué ser velado en ellas atravesando viene Sus cóncavas llanuras que sin lumbrera están?
¡Cuál rápidas se agolpan! cual ruedan y se ensanchan Y al firmamento trepan en lóbrego monton, Y el puro azul alegre del firmamento manchan Sus misteriosos grupos en torva confusion!
(225) Resbalan lentamente por cima de los montes, Avanzan en silencio sobre el rujiente mar, Los huecos oscurecen de entrambos horizontes, El orbe en las tinieblas bajo ellas va á quedar.
La luna huyó al mirarlas; huyeron las estrellas: Su claridad escasa la inmensidad sorbió; Ya reinan solamente por los espacios ellas, Do quier se ven tinieblas, mas firmamento nó.
En vano nuestros ojos se afanan por hallarle Del tenebroso velo que le embozó detras, Que cuanto mas los ojos se empeñan en buscarle, Se esconde el firmamento de nuestros ojos mas.
¡Las nubes solamente!—-¡Las nubes se acrecientan Sobre el dormido mundo!—-¡Las nubes por doquier! A cada instante que huye la lobreguez aumentan, Y se las ve en montones sin límites crecer.
Ya montes gigantescos semejan sus contornos Al brillo de un relámpago que aumenta la ilusion, (226) Ya de volcanes ciento los inflamados hornos, Ya de movibles mónstruos alígero escuadron.
Ya imitan apiñadas de los espesos pinos Las desiguales copas y el campo desigual, Ya informes pelotones de objetos peregrinos Que mudan de colores, de forma y de local.
¿Qué brazo las impele? ¿qué espíritu las guía? ¿Quién habla dentro de ellas con tan gigante voz Cuando retumba el trueno y cuando va bravía Rugiendo por su vientre la tempestad veloz?
Acaso en medio de ellas á visitar los mundos El Hacedor supremo del universo va, Y envuelto en su vapores sus senos mas profundos Estudia y sus cimientos por si caducan ya.
Acaso de su carro tras la viviente rueda Con impotente saña caminará Luzbel, Y porque allí cegarle su resplandor no pueda Agolpará esas nubes entre su gloria y él.
Y acaso alguna de ellas será la formidable Que circundó la cumbre del alto Sinaí, En tanto que el ardiente misterio impenetrable (227) Que iluminó al profeta se fermentaba allí.
Acaso sera alguna la que vertió en Sodoma En inflamadas fuentes la cólera de Dios, Acaso sea alguna la que en los mares toma Las aguas de un dilubio que la acompaña en pos.
¡Señor, yo te conozco! la noche azul serena Me dice desde lejos: «TU DIOS SE ESCONDE ALLI.» Pero la noche oscura, la de nublados llena, Me dice mas pujante «TU DIOS SE ACERCA Á TI.»
Te acercas, sí; conozco las orlas de tu manto En esa ardiente nube con que ceñido estás; El resplandor conozco de tu semblante santo Cuando al cruzar el éter relampagueando vas.
Conozco, sí, tu sombra que pasa sin colores Detrás de esos nublados que vogan en tropel; Conozco en esos grupos de lóbregos vapores Los pálidos fantasmas, los sueños de Daniel.
Conozco de tus pasos las invisibles huellas Del repentino trueno en el crugiente son, Las chispas de tu carro conozco en las centellas Tu aliento en el rugido del rápido Aquilon.
(228) ¿Quién ante tí parece? ¿quién es en tu presencia Mas que una arista seca que el aire va á romper? Tus ojos son el dia; tu soplo es la existencia: Tu alfombra el firmamento: la eternidad tu ser.
¡Señor! yo te conozco, mi corazon te adora: Mi espíritu de hinojos ante tus pies está; Pero mi lengua calla, porque mi lengua ignora Los cánticos que llegan al grande Jehová.
Palomas de los valles, prestadme vuestro arrullo; Prestadme, claras fuentes, vuestro gentil rumor; Prestadme, amenos bosques, vuestro feliz murmullo, Y cantaré á par vuestro la gloria del Señor.
Si su álito llegara al harpa del poeta, Si á mí, Señor, bajara tu espíritu inmortal, Mi corazon henchido del fuego del profeta Cantára, y no tuvieran sus cánticos igual.
Mi voz fuera mas dulce que el ruido de las hojas Mecidas por las auras del oloroso abril, Mas grata que del Fénix las últimas congojas, Y mas que los gorgeos del ruiseñor gentil.
(229) Mas grave y magestuosa que el eco del torrente Que cruza del desierto la inmensa soledad, Mas grande y mas solemne que sobre el mar hirviente El ruido con que rueda la ronca tempestad.
¡Mas ay! que solo puedo postrarme con mi lira Delante de esas nubes con que ceñido estás, Porque mi acento débil en mi garganta espira Cuando al cruzar el éter relampagueando vas.
Tu espíritu infinito resbala ante mis ojos, Y aunque mi vista impura tu aparicion no vé, Mi alma se estremece, y ante tu faz de hinojos Te adora en esas nubes mi solitaria fé.
Cuando sentí de tus ojos Las miradas sobre mí, Humildemente de hinojos Ante tus plantas caí.
Señor, tu soplo me impele, Tu voz me sigue detrás, No hay nadie que me consuele Ni me conozca jamás.
Muchos siglos viví, mas no envejezco, Cada noche ¡ay de mi! que oscura cierra Imagino que es mi última en la tierra, Mas con el nuevo sol siempre amanezco.
Aqui perdió los estribos El buen juez, y empezó á dar Furiosos campanillazos, Con desatinado afan.
(231) ¡Jesus mil veces! (decia) Sino lo comprendo mal Este hombre ha vivido siglos Sin envejecer jamás. Ya dí con lo que buscaba ¡Voto va Dios! aqui está, Este hombre tiene un secreto Con que obra prodigio tal, Y como instantes los años Dulcemente se le van. De qué modo se compone Para hacerlo me dirá, O por quien soy que esta noche Con Lucifer va á cenar. ¡Lo hemos de ver á fé mia! Lorenzo, Justo, Damian, —-¡Señor! —-El preso de anoche Idme corriendo á buscar, Y á mi presencia traedle En diez minutos lo mas.
Hízose asi, y tan á tiempo Que este plazo al espirar Con el extranjero á solas El juez se encontraba ya.
(232) EL JUEZ: De este lugar no salís Mientras no sepa de vos Vuestra edad, pátria y oficio, Qué buscais aqui y quién sois. Responded pues francamente.
EL EXTRANJERO: Ya os dije anoche, señor, Que es un misterio mi nombre Que á no descubrirle yo No hay quien le alcance en la tierra Ninguna interpretacion. Yo voy sin fin caminando De la tierra enderredor Sin poder elegir sitio En que fijar mi mansion. Llego á poblado de noche, Descanso hasta el nuevo sol, Pero al despuntar el alba ¡«Marcha!» me dicen, y voy. En vano el poder del hombre Su capricho ó su temor, Torcer intentan el rumbo (233) Que el cielo me señaló. En vano á necias sospechas Abriendo su corazon En un lugar como espía, En otros como traidor Asegura mi persona En una oscura prision, Y ata mis pies fatigados En un potro infamador. Yo sé á la nueva aurora Volveré á oir esa voz Que siempre me grita «¡marcha!» Y á cuyo mandato, voy. Y entonces todo es inútil El torbellino velóz De mi destino á otra parte Me arrastra sin compasion. Este es mi oficio y mi suerte Mi ser es éste, señor. No pretendais saber mas De lo que os digo.
EL JUEZ:—-¡Eso no! En vano inventa tu lengua Tan insensata ficcion; (234) Pese á ese fatal destino Que dices llevarte en pos Si á mis preguntas te niegas Tu fin verdadero es hoy.
EL EXTRANJERO: Las amenazas no pueden Torcer mi resolucion Mas ya que es tanto el antojo Preguntad.
EL JUEZ: ¿De dónde sois?
EL EXTRANJERO: De Jerusalen.
EL JUEZ: ¿Qué años Contais? (235) EL EXTRANJERO: Veinte y dos Siglos lo menos.
EL JUEZ: ¡Es cierto Lo que decís! con que vos Que contais veinte y dos siglos... Mas me falta la razon: ¡Hablad, hablad esplicadme Ese misterio por Dios! Yo he visto en esa cartera Que habeis llorado el dolor De caminar siempre solo Estraño á toda aficion. Pues bien del secreto hacedme Partícipe, y por mi honor Os juro que desde ahora Vuestro compañero soy.
EL EXTRANJERO: ¡Oh delirais! mas oidme Toda mi historia señor.
(236) Yo he sido el mejor amigo Del sábio rey Salomon, (Y al escuchar esto el juez Dos pasos retrocedió Y asi siguió el extranjero Sin notar su conmocion) Cuando aquel rey descarriándose A los vicios se lanzó, Y vió de su muerte cierta El gesto amedrentador, Me dijo: «Abasuero, en prueba »De que aun en mi corazon »Vive tu amistad ilesa, »A hacerte una ofrenda voy. »Mezcla lo que ves escrito »En esa tablilla, pon »Esa receta por obra »Y vivirás mas que yo. »Eso ha alcanzado mi ciencia »Mas con la cruel condicion, »De que ha de gozar otro hombre »Su beneficio, y yo no. »Tú solo no has olvidado »A tu rey: toma, y á Dios.» A estas palabras el alma Entre mil congojas dió. Mirad, con esta receta (237) Hice yo la confeccion De estas píldoras que llevo En esta caja: y con dos Que tomo cada cien años Otros cien años me doy. Oid sin interrumpirme, Que hay poco tiempo, señor; Yo ¡necio! con mi secreto Volvime duro, feroz, Híceme en fin un malvado De perversa condicion. Vivia en Jerusalen Al morir el Redentor, Y al conducirle al suplicio En que la vida nos dió. Lleváronle por delante De mi casa, y al rumor De los gritos y el tumulto Del pueblo salí al balcon. Tendióme Jesus las manos Pidiéndome por fávor Un vaso de agua, y un punto De reposo y detencion. —-«Marcha (le dije inhumano Y con ademan feroz) »Vé sin descansar al sitio »Que la ley te señaló.» (238) Entonces él con voz mansa Mas que me heló el corazon Me dijo: «Tú tambien ¡bárbaro! »Andarás en derredor »De tu sepulcro girando »Sin descanso ni mansion.»
Yo soy el Judío errante, Esta es mi historia, señor: Estas píldoras me alargan La vida, y con ellas Dios Rejuvenecer me ordena, Y rejuvenezco y voy.
Aqui el juez de Medellin Tras grave meditacion, Ante el Judío de hinojos De repente se postró, Y asi llorando le dijo: —-Dadme una corta porcion De esas píldoras, y os juro Caminar siempre con vos. Yo nada tengo que daros Mas que mi amistad, mi amor... Dadme cien años de vida... Y... (239) —-¡Callad, mísero! —-No, No partireis sin que logre... —-Pues bien, tomad esas dos, Y si os vale su asombroso Poder regenerador Cien años os doy de vida Para que alabeis á Dios.
En esto se oyó en los aires Tronar la gigante voz Que dijo al Judío: ¡Marcha! Y al punto mismo partió.
Cuando el golilla á sus solas Se encontró ya en su aposento Turbósele el pensamiento Con una idea fatal. ¿Si habrá atentado á mi vida Dijo, con tal vil engaño? ¿Si invecion suya en mi daño Será esta trama infernal?
Y absorto en tan triste idea Sombrío y meditabundo Quedó en silencio profundo Y en profunda distraccion, A su oscura incertidumbre Solucion buscando en vano, Las píldoras en la mano, Y el miedo en el corazon.
(241) Decíase allá en su mente: ¡Si yo algun medio alcanzára Que alguna luz arrojára Sobre la oscura verdad! ¡Oh si cien años de vida Me asegurára el comellas!... ¿Mas si las trago y con ellas Me voy á la eternidad?
¿Diréle al médico?... nunca. Si la lengua no me muerdo Por Dios que el hombre no es lerdo Y se las sopla por mí! ¿Iré al confesor?... tampoco. Dirá que es cosa de hechizo Y acaso algun bebedizo Hará de ellas para sí.
¿Qué hacer, Santo Dios? tomarlas Puede salir cara fiesta, Mas necedad manifiesta No tomarlas puede ser. ¡Si las tomo y torno á joven!... ¿Mas si las tomo y estallo? Probable á la par lo hallo. ¡Válgame el diablo que hacer!
(242) Y en duda tal se pasaba Un dia tras otro dia, Y nunca se decidia Por ningun partido el juez. En contemplar á sus solas Sus píldoras se ocupaba, Y del cajon las sacaba Y las guardaba otra vez.
Al fin tras largas vigilias Dijo una vez decidido: «Mas vale mal conocido »Que dicha por conocer. »Iré pasando la vida »Como hasta aqui la he pasado »Y si obro como un menguado »¡Qué diablos! ¿Cómo ha de ser?
»Pero, con una esperiencia »Quisiera al fin convencerme... »¡Con el médico que duerme »¡Todavía! ¡ea, valor! »Está en su casa; no hay otro »Diez leguas á la redonda, »Cuando el efecto responda »Sea en contra ó en favor,
(243) »Nadie dará con la causa. »¡Bah! salga lo que saliere »Allá voy.—-Y si se muere »Vaya por los que él mató.» Y en una copa de leche Que junto al lecho vió llena El juez con mano serena Las dos píldoras echó.
Fuese tras esto el suceso A esperar solo á su casa: Cada instante que se pasa Es todo un siglo de afan. A cada paso que siente Por la torcida escalera, Cree que la noticia fiera De su muerte á darle ván.
Al fin despues de tres horas De afanosa espectativa, Llegó mas muerta que viva Del médico la muger Con mil suspiros contándole Que en su aposento tendido Está su pobre marido Muy próximo á fenecer.
(244) Turbóse el juez á estas nuevas, Mas cauto disimulando Con la muger razonando Parte á su casa veloz; Y al llegar al aposento Que el terrible arcano encierra, Encontró al médico en tierra Sin movimiento ni voz.
Cárdeno el rostro, morado, Los lábios frios, y lleno De manchas que del veneno Señal evidente son; Estaba ya el miserable, Pero vivo todavía Débilmente le latía Oprimido el corazon.
Lloraba á voces la esposa Y el juez que no se apartaba Del médico, contemplaba Los progresos de su mal, Y cuanto mas le miraba Mas y mas se convencia De que hacerse no podia Mas por él que un funeral.
(245) Y á media noche el golilla Convencido firmemente De que á la aurora siguiente Sería cadáver ya Volvió á su casa diciendo Consigo mismo. «¿Eh? ¡ya escampa! »Si llego á dar en la trampa, »Me largo por donde él vá.»
Despues de una larga noche De congoja y desazon, Que en lucha consigo mismo El juez criminal pasó Rindióse por fin en brazos De sueño reparador Aunque acosado á las veces Por fatigosa vision. Ya vía espirara al médico Cuya moribunda voz Decia ese es mi asesino, Ese, ese es quien me mató. Ya le veía á deshora Fantasma amenazador Embozado en el sudario Entrar por algun balcon.
(247) Ya cercado se creia De los hijos que dejó, De la muger y los deudos Que le venian en pos El sustento demandándole De que con él les privó, Cuya fatal pesadilla Le oprimía el corazon.
Al medio de su carrera Llegaba el siguiente sol Cuando á unas desaforadas Voces el juez despertó. Furiosos golpes se oían En su misma habitacion A la puerta de su cuarto Redoblando con furor. ¿Quién es? dijo y respondieron De fuera—- Abrid, que soy yó. Hincóse el juez de rodillas Traspasado de pavor, Y con angustia horrorosa Cuantos santos recordó Empezó á llamar á voces En balbuciente oracion. El médico era en persona Que no era de otro la voz. —-Voto á mil diablos (decia) (248) ¿Quereis abrir ó me voy? —-Vuelve enemiga fantasma (Decia el juez) vuelve á Dios Yo haré por ti penitencia. —-Pero hombre, por san Cenon Haced cuanta os diera gana Pero abridme! —-¡Abrirte! nó. Vuélvete en paz al sepulcro. —-¿Perdido habeis la razon Hombre dado á Barrabás? ¿No estoy diciendo que soy Yo, don Lucas vuestro médico En cuerpo y alma. —-¡Gran Dios! —-Abridme y oireis cosas Que os parecerán ficcion.
Abrió por último el juez Pero cual fué su furor Al ver el rostro del médico Vertiendo satisfaccion Y rebosando alegría Y juventud y vigor. Clavó en él una mirada El juez con una expresion Tan desesperada y torba
(249) Tan siniestra y tan feroz Que el médico percibiéndola Dos pasos retrocedió. ¿Con qué es verdad dijo el otro Que vivo estais? —-Sí señor. —-Mas vigoroso, mas jóven! —-Venia por ello yo A pediros las albricias Aunque ignoro la razon. —-La ignorais ¡nécio de mí! (Replicó el juez) pues yo nó. —-Como señor de un milagro. —-Yo he sido solo el autor Y si quereis de mi saña Salvaros... —-En conclusion Que es esto? —-Que os aparteis De mi vista ó voto á Dios Que os voy á hacer mil pedazos Sin poder con mi furor.
Ya estas palabras asiendo De un larguísimo espadon Iba á caer sobre el médico Que echó por un corredor. Un aposento tras otro (250) Amedrentado cruzó Y dió por fin en la calle: Mas al tender en redór Los ojos despavoridos Con espanto grande vió Que el juez se arrojaba á ella Lanzado por un balcon.
Cayó en las piedras el triste Y de tanta elevacion, Que si intentaba matarse Con tino lo ejecutó. Llegósele el pobre médico Movido de compasion Mas era el golpe de muerte E inútilmente acudió. El juez le dijo mostrando En su rostro y en su voz Las mas certeras señales De honda desesperacion.
«Soy el hombre mas estúpido »Que de mugeres nació, »¡Maldita sea mil veces »La ciencia de Salomon.»!
A cuyas ruines palabras El miserable espiró, No comprendiendo el buen médico Tan estraña confesion.
FIN