Versos Spanish José Zorrilla Recuerdos

Spanish poem

Recuerdos

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¿Qué flor no se marchita? ¿Cuál es el fuerte roble Que el huracán no troncha Ó el tiempo no carcome? ¿Qué dicha no se acaba? ¿Qué hora veloz no corre? ¿Qué estrella no se eclipsa? ¿Qué sol nunca se pone?

¿Adónde está el alcázar En cuyas altas torres La tempestad no ruge Cuando el nublado rompe? ¿Quién es el que ha cruzado El piélago salobre Sin que su nave un punto La tempestad azote?

¿Quién fué por el desierto Pisando siempre flores? ¿Ni quién pasó la vida Sin duelos ni pasiones? ¿Ni quién es el que en calma Durmió todas las noches Sin que el pesar un punto Tenido le haya insomne?

Ninguno. El rey altivo, Como el esclavo pobre, Al reclinar cansados Su frente por la noche. Ya en mendigada paja, Ya en ricos almohadones, Perciben que un gusano El corazón les röe.

Es el afán secreto Que agita eterno, indócil Al corazón, y gira Con la veleta móvil Del pensamiento vano. ¡Dichoso el que conoce Que Dios tan sólo llena El corazón del hombre!

Por eso el Nazarita, Que aunque de Dios favores Sin tregua ha recibido, Á humanas condiciones Sujeto está, va presa De afanes interiores Rumiando pensamientos Que su atención absorben.

Va solo, atravesando El enramado bosque Que cubre el fresco valle, Donde al mullido borde De fuente cristalina Que mana entre las flores, Un sueño misterioso Le embelesó una noche.

Va solo, meditando Los agrios sinsabores, Que danle de su reino Civiles disensiones. De Dios pesa la mano Sobre su pueblo y torpe Tal vez contra sí mismo Va á dirigir sus golpes.

¿Qué han hecho al fin sus sabios Proyectos creadores? ¿Qué al fin han producido Tesoros tan enormes Como él ha dispendiado Para elevar el nombre De su gentil Granada Sobre el de cien naciones?

Cubrió los verdes cerros De gigantescas moles: Tornó en frondosos cármenes Sus valles y sus montes: Mas la soñada dicha De sus intentos nobles ¿Do está si á los humanos No pudo hacer mejores?

Riqueza dió á los Moros, Con la riqueza dióles Poder, victoria, fama..... Mas dió á sus corazones Con ella más deseos Y orgullo y vicio dobles: Y al fin ¿qué es lo que logra? Doblar sus ambiciones.

Con ellas la discordia Germina al par: mayores Triunfos tal vez alcancen Sus armas: tal vez logren Á empresas más gloriosas Dar cima, y sus pendones Clavar sobre los muros Que á los contrarios tomen.

Mas ¡ay cuando su fuerza Contra ellos mismos tomen! Mas ¡ay cuando su ciencia Se emplee en invenciones De pérfida política, De códigos traidores Que, leyes pregonando, Su destrucción pregonen:

Y el reino que él fundara De tanto afán á coste, Por él seguro acaso De extrañas invasiones, Tal vez consigo mismo Luchando se destroce, Y abra á un sangriento circo Su alcázar sus balcones!

Tal vez un rey cristiano, Sagaz y fuerte entonces, Desde Castilla viendo Los árabes discordes, La hoguera de sus iras Certeramente sople Y al frente de Granada Presente sus legiones.

Así Al-hamar discurre, Con cálculos precoces Llorando por Granada, La flor de sus amores; Así Al-hamar se aflige, Y á solas por el bosque Se mete, absorto y triste Con sus cavilaciones.

Era una hermosa tarde De Abril: los resplandores Del sol, que á ocaso baja Manchando el horizonte Con tintas de oro y púrpura, Los pardos torreones Alumbra de la Alhambra Con rayos tembladores.

Ya la última montaña Á largo andar transpone El sol: ya dora sólo Los altos miradores De los palacios árabes: Cayendo al fin se esconde Tras la montaña entero, Y allá la mar le sorbe.

El pálido crepúsculo, Que va tras él, recoge La luz que al día resta; Da un paso más, y el orbe Con cuanto bello abarca En lúgubres crespones Emboza poco á poco La silenciosa noche.

Nubló su espesa sombra Los ojos brilladores Del distraído príncipe, Y al mundo real volvióle: Volver quiso él las bridas De su caballo, dócil Á su llamada siempre, Pero rebelde hallóle.

Era el caballo de árabe Raza, leal y noble; Mas por la vez mi primera Su origen desmintióse. La voz de su jinete Desconoció: aplicóle La espuela; y, al sentirla, Feroz encabritóse.

Mira Al-hamar en torno Si hay algo que le asombre, Y al extender la vista El sitio reconoce; Junto á la fuente se halla Á cuyo són durmióse Años atrás soñando Con célicas visiones.

La idea más recóndita De su cerebro entonces Se levantó espantando Su corazón. Las dotes Divinas del espíritu Que allí le habló: los dones Que recibió del Cielo Desque á él aparecióse:

Su celestial historia, Sus celestiales órdenes Que obedeció arrastrado De impulsos superiores: De gloria y de opulencia Las altas predicciones, En todo con sus místicos Oráculos conformes,

Todo fué cierto; todo Cual lo soñó cumplióse. ¿No será, pues, su raza Quien sus afanes logre? ¿No es, pues, el Dios que adora El Dios de sus mayores, Y él hizo una diadema Con que otro se corone?

Su mente obscurecieron Densísimos vapores: Dudó: tembló dudando: El corazón turbósele, Y así exclamó en la sombra Con temerosas voces, Que ahogó el murmullo manso Del manantial y el bosque:

«Espíritu, que el fondo »De ese raudal esconde: »Yo obedecí sumiso »Tus misteriosas órdenes, »Y soy la sola víctima »De tu presencia; tórname, »Pues, á la fe primera, »Ó con tu ley abóname.»

Dijo: y, como acosado Por invisible golpe, Saltó el caballo fiero Con repentino bote, Por medio de las sombras Lanzándose á galope: Y el rey arrebatado Á su pesar sintióse.