Versos Spanish José Zorrilla Un recuerdo de Arlanza

Spanish poem

Un recuerdo de Arlanza

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Río Arlanza, si las fuentes Que en Burgos te dan el ser No cegaron sus corrientes, Y aun en ti van a verter Sus cristales transparentes;

Si tus ondas revoltosas Entre arenas amarillas Se deslizan bulliciosas, Bañando las mismas rosas Sobre las mismas orillas;

En verdad que en una altura Hay un pardo torreón Que pinta en el agua pura Su descarnada figura Como extraña aparición.

Acaso tú, río Arlanza, No te acuerdes de su nombre, Porque a ti no se te alcanza Con cuánto afán compra el hombre El placer de la esperanza.

Tú cruzas el campo ameno Entre flores susurrando, Y pasas libre y sereno Del triste que queda ajeno En la ribera llorando.

Tú río, que nunca amaste, No guardas en la memoria Los lugares que dejaste, Que no te importa la historia De los que una vez pasaste.

No sabes, sonoro río, Lo que pesa un pensamiento, No sabes cómo en el mío Me atosiga y da tormento Ese peñasco sombrío.

Pero ¿qué extraño que ignores Su nombre y el de su gente, Si sus escombros traidores Desplomó sobre la frente De sus caídos señores?

Si al tender por ese llano Los perfiles de tus olas Hallas un cerro cercano Envuelto en tapiz liviano De silvestres amapolas;

Donde tu corriente clara Entre los juncos se pliega Y en un remanso se para Que de los restos se ampara De Celada y de Pampliega;

Allí Arlanza, has de encontrar Una torre en una altura; Mírala ¡oh río! al pasar, No te avergüence el andar Arrastrando por la hondura.

Que sin foso y sin rastrillo Verás sólo un torreón, Solitario y amarillo, Que ayer se llamó castillo Y hoy el alto de Muñón.

Ya son presa del olvido Sus blasones y baluartes; Mírale, Arlanza, atrevido; Sus gentes, cuando han huido, Perdieron sus estandartes.

Mira ¡oh río! en caridad, Si de ese fantasma al pie Una afligida beldad Llorando tal vez se ve Su amor y su soledad.

Y si en tu margen desnuda Las resbaladizas ondas Contempla llorosa y muda, Antes, río, la saluda Que por la vega te escondas.

Y no la dejes ¡oh río! Por respeto o por temor De su doliente desvío; El llanto que vierte es mío, Que está llorando de amor.

¡Ay de la blanca azucena Que sin lluvia bienhechora Se agosta en la seca arena! ¡Ay de la niña que llora Sobre las aguas su pena!

¡Ay de la angustiada hermosa Por cuyos ojos deliro, Por cuyos labios de rosa, Por cuya risa amorosa Enamorado suspiro!

¡Ay de la que piensa en mí En la margen del Arlanza!... ¿Qué aguardas, hermosa, di, Sin consuelo ni esperanza, Tan acongojada aquí?

¿Por qué tas alegres horas Vertiendo lágrimas pierdes Sobre las ondas sonoras Que cruzan murmuradoras Por esas campiñas verdes?

Esas aguas, que hallan flores En la ribera al pasar, Por más que sobre ellas llores Nunca tus cuitas de amores Sabrán, niña, consolar.

Ni por más que tu amargura En son de queja las cuentes A la falda de esa altura, Movidas de tu hermosura Han de parar sus corrientes.

Porque ajenas de tu afán, Por el valle resbalando Indiferentes irán; y nunca más volverán Aunque tú quedes llorando.

Ni pienses que has de venir A contarme el desconsuelo En que te vieron gemir, Que a darnos no alcanza el suelo Más placer que el de morir.

El cielo nos dió pasiones, Nos dió luz, vida y calor, Pobló el alma de ilusiones, Mas negó a los corazones El consuelo en el dolor.

Tanta luz, tantos colores, Tantas galas y primores, Son mentira y oropel, Que el mundo alfombra con flores Los pantanos que hay en él.

Las flores se desvanecen Y corrompidas no aroman, Los ríos furiosos crecen, Y torrentes se desploman Sobre el prado que florecen.

Lo que ayer palacio fue, Hoy vemos informe ruina Por más que el grosero pie Mirando su sombra esté Sobre el agua cristalina.

De ese adusto monumento Que levanta en el espacio Su esqueleto ceniciento, Demándale, niña, al viento Si fue cárcel o palacio.

Demándale al claro río Que baña el valle que habitas, Qué hizo ayer el tiempo impío Del feudo y del poderío De esa peña en que meditas.

Pregúntale qué se hicieron Los nobles de esa Castilla, Los castillos que vivieron, Los planteles que tuvieron En su ribera amarilla.

Pregúntale qué misterio Encubre esa cruz que riega, Cual árbol de un cementerio, Donde tuvo un monasterio Para sus reyes Pampliega.

Pregunta si entre las rejas De su bizantino muro Oyó las amargas quejas Del rey que en su templo obscuro Lloró virtudes añejas.

Pregunta si oyó decir Al monarca en su abandono Que un puñal lo hizo subir Los escalones del trono, Y un vaso se le hizo huir.

Para escoger le llamaron Entre morir o reinar; Los que ayer le coronaron, Su venia no demandaron El tósigo a preparar.

¡Triste Wamba! Por mancilla La púrpura te vistieron Esos grandes de Castilla Que tu sepulcro tendieron A las puertas de esa villa.

¡Río Arlanza! ¡Río Arlanza, Que el florido campo pules Derramándote en holganza, Tan frágil es mi esperanza Como tus ondas azules!

¡Quién pudiera, río manso, Resbalando indiferente Hallar como tú descanso Cuando apilas tu corriente En escondido remanso!

Pues pasas murmurador Bordando el campo de flores, Arrulla, ¡Arlanza!, el dolor De esa niña sin amores Que está llorando de amor.

Dila, Arlanza, que ha mentido Quien encontró a mis cantares El placer que no he sentido, Que en ello gozo he fingido Por adormir mis pesares.

Dila que si suelto al viento Al compás del arpa loca Alegre y báquico acento, Es que cierro a mi tormento Los caminos de mi boca.

¡Río Arlanza! ¡Río Arlanza, Que el florido campo pules Derramándote en holganza, Dila que está mi esperanza Cabe tus ondas azules!