Versos Spanish Juan de Dios Pesas Como El Arco De Oro Y Grana

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Como El Arco De Oro Y Grana

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Como el arco de oro y grana Dosel del erguido monte, Que en el azul horizonte Abre paso a la mañana; Así de mi edad temprana En la ignorancia atrevida, Miró el alma conmovida Gloria, fe, sueños dorados, Arreboles agrupados En la puerta de la vida. Y tras los blancos crespones Que el sol de la fe bañaba, Absorta el alma escuchaba Rimas, trovas y canciones; Misteriosas vibraciones Brotadas de ignota lira, Frases que el viento suspira, Fantasmas que en esa edad, Engendran luz y verdad En la sombra y la mentira. ¡Cuán bello cruza el amor Luciendo brillantes galas, Y reflejando en sus alas De la aurora el resplandor! Y cómo al dulce calor De aquella edad venturosa, Puede el alma cariñosa Mirar, sin esfuerzo vano, En cada amigo un hermano, Y un ángel en cada hermosa. Por esa luz encantada Alumbrado el porvenir, Sueña el alma con vivir En una eterna alborada. Se refleja en la mirada Del corazón la pureza, Y no empañan la belleza De nuestro azul firmamento, Sombras de remordimiento, Crepúsculos de tristeza. Y como estrellas errantes En constante torbellino Alumbran nuestro camino Las ilusiones brillantes: Nobles amigos constantes; Mujeres tiernas, fieles; Nuestro nombre los cinceles Eternizando en la historia, Y en todas partes la gloria Ofreciéndonos laureles. Sin sospechar la perfidia Ni el mal, ni el rencor profundo, Sin advertir que en el mundo Vive y se agita la envidia; Sin adivinar que lidia El crimen con la inocencia; Sin pensar que la existencia Es lucha en la que, cobarde. Acude inútil y tarde A salvarnos la experiencia. Así el arco de oro y grana De la puerta de la vida Cruza el alma enternecida, Con sus ensueños ufana; Y tras la primer mañana De ilusiones y de encanto, Mira descorrerse el manto Que ocultó sombras y abrojos Y enturbia entonces los ojos La amarga nube del llanto. Esas lágrimas que ciegan, ¡Con cuánto dolor se lloran! Y cuando no se evaporan, Otras a alcanzarlas llegan: Llanto nuestros ojos riegan; Y tras de tanto sufrir Pensando en lo porvenir, Viénense al fin a negar, Las pupilas a llorar Y el corazón a sentir. Y sin fe, sin esperanza, El alma ve con temor La traición en el amor, En la amistad la asechanza; Sin ilusiones avanza; Abrojos tan sólo pisa Y para marchar de prisa, Cual sueña su amor profundo, Lleva al carnaval del mundo El antifaz de la risa. Pero en ese carnaval Víctimas somos también Que vamos mintiendo el bien, Cuando alentamos el mal. Ruge en el pecho, fatal, De las penas la tormenta, Y busca el alma sedienta Algo que su mal mitigue, Y la envidia la persigue, Y la calumnia la afrenta. ¿Y es ésta la vida? ¿Es esto Cuanto el porvenir encierra? ¿No hay un consuelo en la tierra Para el destino funesto? ¿Tan presto vuelan, tan presto Las ilusiones? ¿será El desierto más allá...? ¿Para la razón escasa Todo vuela, todo pasa, Todo se muere y se va? Si se aumenta con los años Tan espantosa aridez, ¿Qué nos queda en la vejez, Tras de tantos desengaños? Por males propios y extraños Secándose el corazón; Muertas la fe y la ilusión, El cuerpo débil y enfermo Y alumbrando un campo yermo El astro de la razón. Sigamos con firme paso Por esta ruta sombría, Mientras el sol cada día Va del Oriente al Ocaso. Cual la flor deja en el vaso Su perfume, en nuestra historia Dejemos una memoria; Tornemos en risa el duelo... Sufrir sin pedir consuelo, Es la verdadera gloria.