Versos Spanish Juan de Dios Pesas De Marinero A Trapista

Spanish poem

De Marinero A Trapista

by

Listen in the reader

Cuando ya todos los héroes Que con Hidalgo surgieron, Quedaron frente al «Destino», Aprisionados o muertos, Sólo un tenaz insurgente, El indomable Guerrero, Sostuvo entre las montañas La libertad y el derecho.

Él, desde ochocientos once Que entró a servir con Morelos, Asistió a muchos combates En que demostró su genio. Y el año de diez y nueve Fueron tantos sus esfuerzos, Que alcanzó veinte victorias Contra el virreinal ejército.

Más tarde cuando Iturbide Salió para darle encuentro, Siendo por él derrotado Del sur en los campamentos, Se le ofreció por amigo, Se le entregó como adepto Y al fin en una entrevista Celebrada el diez de enero Del ochocientos ventiuno De Acatempam en el pueb'o, Juráronse en un abrazo Obrar de común acuerdo Para proclamar muy pronto La independencia de Méjico.

Guerrero fue como el águila Altivo, incansable, fiero, Halló nido en la montaña, La caza le dio alimento, Jamás lograron rendirlo Y cuando en calma le vieron Era porque ya la presa Había en sus garras deshecho.

Tal era ei bravo insurgente Que, por sus brillantes méritos, Figuró luego en la Patria Como Jefe del Gobierno; Dejándonos por memoria, Y por glorioso recuerdo La victoria de Tampico Conquistada en dos sangrientos Combates, que aniquilaron Al invasor extranjero.

Fueron Terán y Santa Anna Quienes con gran ardimiento Alcanzaron el triunfo Contra un brigadier ibero Que vencido y desarmado Con su flota dejó el puerto.

Cuando ya sin ingerencia En asuntos del Gobierno Tranquilo en el sur vivía El indomable Guerrero, Por temor a su fiereza Un crimen se tramó en Méjico.

El general Bustamante Y sus ministros, creyeron Oportuno darle muerte Al soldado de Morelos; Y hay quien diga que hubo alguno Que así exclamó en el consejo: A este suriano terrible Hay que quitarle de en medio.

No era fácil darle alcance Ni era posible vencerlo, Y a un genovés, Picaluga, Corazón infame y negro, Como a Judas lo compraron Para consumar el hecho.

Picaluga tenia surto Un bergantín en el puerto De Acapulco y era amigo Del bravo adalid del pueblo; Lo convidó una mañana A principios de febrero A almorzar en el Colombo, El héroe asistió al almuerzo Y en cuanto le tuvo a bordo, Se dio a la vela ligero, Y fue a entregarlo en Huatulco A las fuerzas del Gobierno.

Por aquella negra infamia Cobró cincuenta mil pesos; Y nadie supo a qué sitio Huyó el traidor marinero.

En tanto al héroe suriano, A Oaxaca lo trajeron, Lo juzgaron a su antojo En ridículo consejo; Mil crímenes le imputaron, Mil faltas le supusieron, Y ya sentenciado a muerte, Lo fusilaron enfermo, En la villa de Cuilapa El catorce de febrero Del año de treinta y uno... ¡Año en nuestra historia negro!!

Cuando en el Almirantazgo De Génova, conocieron La infamia de Picaluga, Publicaron un decreto Declarándolo ante el mundo Traidor, villano y artero; Sentenciándolo a que muera Por la espalda, sin derecho A sepultura sagrada, Ni a luto ni a testamento

Breves pasaron los años Y el más profundo misterio, Veló a todos el destino Del infame marinero. Contábanse mil consejas Que amedrentaban al pueblo, Pero la verdad, lo triste, Lo horripilante, lo cierto, Era que el héroe de Tixtla, El soldado de Morelos, Gozaba en humilde tumba Del último de los sueños Causando duelo a la Patria Y rubor a su Gobierno.

Cuando cayó Bustamante Y que los años corrieron, Uno de sus más adictos Hombre rico y de provecho, Hizo un viaje a Tierra Santa, Pues era cristiano viejo.

Llegado a la Palestina Fue a visitar el convento En que moran los trapistas Pensando ganar el cielo. Al atravesar un claustro, Dicen que salió a su encuentro Un fraile, cuyo semblante En amplia capucha envuelto Velaba con blanca barba Que le bajaba hasta el pecho. —¿No me conocéis?— le dijo, —No— respondióle el viajero. —Pues llevo aquí algunos años De rogar al Ser Supremo, Que a Bustamante y sus hombres, Y a mí, que fui su instrumento, Nos perdone compasivo Y nos absuelva en su reino Del crimen que cometimos Con el general Guerrero. Soy Francisco Picaluga... —iPicaluga!! —Humilde siervo De Dios, a quien lo devora Un tenaz remordimiento.

Sin decir una palabra Y de admiración suspenso, El viajero conmovido Salió del triste convento, Y después de algunos años Al referir el suceso Temblaba cual si estuviera Junto al traidor marinero.