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El Aura Popular Me Trajo Un Día

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El aura popular me trajo un día Un nombre que la fama y la victoria Coronaron de luz y poesía En la tierra del arte y de la gloria. Brotando del estruendo de la guerra, De patricia virtud germen fecundo, Cruzó como relámpago la tierra, Y como himno triunfal vibró en el mundo. Símbolo de una causa redentora, Conquistó aplausos, lauros, alabanza, Y brilló sobre Italia como aurora De libertad, de unión y de esperanza. ¡Garibaldi! con júbilo exclamaba Entusiasmado el pueblo por doquiera, Y América ese nombre lo agregaba, Como nuevo blasón, a su bandera. ¡Oh titán indomable! tú traías Sobre tu fe la inspiración del cielo, Y eras para tus pueblos el Mesías Anunciado por Dante y Maquiavelo. En la lucha león, niño en el trato, Clemente y fraternal con los vencidos, Fue tu palabra el toque de rebato Que despertó los pueblos oprimidos. Por donde quiera que tu faz asoma, Su salvador el pueblo te proclama, Y Bolonia, Milán, Nápoles, Roma, Responden a tu esfuerzo y a tu fama. Es de un hijo de Esparta tu bravura; Fuego de Grecia en tu mirar entrañas; Y en el Tirol tu bíblica figura Parece un semidiós de las montañas. Tu abnegación sublime me conmueve; No es mi laúd quien tu alabanza entona: La eterna voz del siglo diez y nueve Por todo el mundo tu valor pregona. Tuviste siempre corazón entero Donde ningún remordimiento anida, Pecho de bronce, voluntad de acero, Ojos radiantes de esperanza y vida. Marino en la niñez, acostumbrado A combatir la tempestad a solas, Diste a tu genio el vuelo no domado Del huracán al encrespar las olas. No me asombra en Egipto Bonaparte Que las altas pirámides profana; Me admiras tú, clavando tu estandarte En la desierta pampa americana. Al César vencedor el turbio Nilo Aun en sus ondas con terror retrata, Mientras tu rostro escultural, tranquilo En su cristal azul dibuja el Plata. ¿Dónde habrá más virtud y más nobleza: En el que al mundo en su ambición oprime, O en el que, sin corona en la cabeza, Unifica su patria y la redime? ¡Eras un gladiador! Te halló más fuerte Que un cedro de los Alpes tu destino. Forma, desde tu cuna hasta tu muerte, Un bosque de laureles tu camino. Cuando la hiel de todos los dolores Cayó en tu abierto corazón de atleta, Fue la cruz de los grandes redentores La visión de tu numen de profeta. Viendo en toda la Italia una familia, Tanto te sacrificas en su abono, Que cuando audaz conquistas la Sicilia, Por no romper la unión, la das al trono. ¡Bendigo tu misión! El mundo ingrato, Que hoy aplaude tu nombre y lo venera, Olvidará que fuiste un Cincinato En tu retiro augusto de Caprera. Negará que tu te republicana, Iluminando siempre tu horizonte, Brilló en Palermo, deslumbró en Mentana, E irradió como sol en Aspromonte. Olvidará también que tus legiones Llevaron siempre combatiendo, fieles, Por escudos sus nobles corazones, Las glorias de la patria por laureles. Mas no podrá negar que, entre prolijos Goces, te vimos con amor profundo, Dar tu sangre y la sangre de tus hijos Por defender la libertad del mundo No sólo Roma con viril acento Ensalzará tu nombre, ilustre anciano, Que ya dejas perpetuo monumento En cada corazón americano. Francia se enorgullece con tu nombre; Méjico rinde culto a tu memoria; Y no hay una nación que no se asombre De tu fe, de tu genio y de tu gloria. Sirva a los pueblos libres de amuleto Tu nombre, que la historia diviniza, Y el mundo mire siempre con respeto El ánfora que guarde tu ceniza. La República fue tu culto santo La unión de Italia tu ambición suprema, La blusa roja tu purpúreo manto, Y el gorro frigio tu imperial diadema.