Spanish poem
Jalapa Es Un Vergel De Paz Y Amores
Jalapa es un vergel de paz y amores Que presintió mi anhelo; Allá en mis sueños conocí sus flores Y adiviné su cielo. Habláronme en la infancia, en la alborada De mi revuelta vida, De esta mansión para el amor formada, Por el amor nutrida. Aquí, mi padre disfrutó la calma De la ilusión naciente; Aquí vino sin sombras en el alma Sin canas en la frente. Y guardó fiel hasta el postrer momento La memoria hechicera De este Edén, como guarda el pensamiento A la mujer primera. «El Edén no es un mito, puedes hijo Conocerlo algún día... Jalapa es un Edén...» y me lo dijo Trémulo de alegría. Murió, me dejó huérfano, teniendo Espinas por alfombra; ¡Seis años hace ya que está durmiendo Tras de la eterna sombra! ¡Quedé a vivir sufriendo decepciones Que consumen y abrasan; A ver pasar ensueños é ilusiones Como las nubes pasan! En medio de la lucha, solo, triste Y de sufrir cansado, Llegué a pensar: pues el Edén existe Iré al Edén soñado. Y vine y encantáronse mis ojos Cuando en la niebla leve Vi azules lirios, tulipanes rojos Y camelias de nieve. Cuando de enhiestos montes a la falda Vi el naranjal sombrío Y engarzado entre cuencas de esmeralda El blanco caserío. Curó ese panorama mis heridas, Busqué paz y reposo Y abriéronme las puertas bendecidas De tu hogar venturoso. ¡Ay! venturoso entonces, en la aurora Del más sereno día, ¡Cuando aun no entraba la traidora, La Pálida, la Fría! Cuando tu santa madre no lloraba Inclinando la frente; ¡Cuando, con trece abriles la besaba Tu hermano, eterno ausente! Entonces vine y estreché los lazos De esta amistad sincera, A la que doy, tendiéndole mis brazos, De ofrenda el alma entera. Hoy hace un año que apuré las heces De nuestro adiós primero; Desde entonces he vuelto muchas veces... ¿Por qué?... ¡porque las quiero! ¡Ay! si pudiera como fresca brisa Animar estas flores; Poner en cada rostro una sonrisa: Curar tantos dolores; ¡Si el dulce bienestar que ayer he visto Hoy fuera igual y cierto! ¡Si la amistad pudiera como Cristo Resucitar a un muerto! Mañana, al separarme de este hermoso Jardín tierno y amado, Te dejara la dicha y el reposo De que siempre has gozado. Mas ¿quién a la oropéndola caída, A mustia tuberosa, A la nivea caléndula perdida En sirte cenagosa, Les devuelve el perfume y los colores Que ostentaron por galas?... ¡Sus hojas, al morir, cierran las flores, Los pájaros sus alas! ¡Frente a la eternidad todo se cierra! Quien es justo en el suelo Puede cerrar sus ojos en la tierra... ¡Los abrirá en el cielo! Hoy que sangra en tu hogar la inmensa herida Que abrió alevosa mano, No olvides que en los campos de la vida Tienes en mí un hermano.