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La Victoria De Tampico

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Cuando fue el bravo Guerrero Presidente, yo era un chico Y en aquel tiempo a Tampico Llegó un general ibero.

¿Barradas? ...Justo; esto es; Barradas precisamente Queriendo, audaz y valiente, Ser un nuevo Hernán Cortés. Entonces, sólo al decir Que extraña tropa llegaba El Gobierno ya miraba Enlutado el porvenir. Y por prudencia o temor Cesaban goces y fiestas, Haciéndole mil protestas A cualquier embajador. Barradas, bravo y experto, Vencer a Méjico anhela Y entra altivo a toda vela, Como virrey frente al puerto. Santa-Anna, a la patria fiel, Tan audaz como animoso Derrotó al jefe ambicioso Ganando eterno laurel. Fue una derrota ejemplar Que no olvidará la Historia Pues allí alcanzó la gloria De hacerlo capitular. En Méjico ¡Qué ansiedad Por saber el resultado! Estaba en completo estado De agitación la ciudad. Una noche, a ver un drama Guerrero fue al Coliseo, Un teatro tosco y feo Que «Principal» se le llama. Llegado el acto tercero, Ve con asombro la gente Que al palco del Presidente, Entra, con traje de cuero, Un hombre y le da un papel; Guerrero al leerlo llora; Y el público en esa hora, Enternecido como él, Presiente lo que le avisa Al Presidente el pliego Y queda mudo, en sosiego, Entre lágrimas y risa. Cuando acabó de leer Guerrero, se levantó De su asiento y así habló Sin poderse contener: «Si con frases no me explico, El llanto lo hará por mí... ¡Me comunican aquí La victoria de Tampico...! Vencido está el jefe ibero, Santa-Anna lo derrotó...» Y un gran grito resonó: «¡Vivan Santa-Anna y Guerrero!» Guerrero con alegría, Dijo enseñando leal La faja de general Que en la cintura tenía: «Mando al brigadier Santa-Anna, Esta faja, no os asombre, Para que la porte en nombre De la Nación Mejicana». Volvió el público a gritar Nuevos vivas y a aplaudir, En unos era el reír, En otros era el llorar Y no hay mármoles ni bronces, Ni existen tinta y color, Que puedan pintar, señor, El patriotismo de entonces.

Tu buena memoria pasma A cualquiera, mi sargento, Tu relato da contento, Enardece y entusiasma.

Cuando el teatro dejaron Todos con gran ansiedad, ¿Sabéis lo que en la ciudad Con asombro contemplaron? Adornadas con festones Todas las casas vecinas, Con faroles y cortinas En cornisas y balcones; Sobre las torres bermejas De los vetustos conventos, Gallardetes, ornamentos, Guirnaldas y candilejas. Las calles... ¡que animación! Las gentes si se encontraban, Entusiastas se abrazaban Con lágrimas de emoción. No se escuchaba un reproche, Todo era franco y sincero, Que estaba Méjico entero De triunfo en aquella noche. ¡Y todos los mejicanos Que un mismo placer sentían, Entonces sí se querían Como si fuesen hermanos...! Me enternezco cuando pienso En esto, porque señor, No he visto un modo mejor De dar a un bravo un ascenso, Ni un modo más natural, Más franco y más elocuente De expresar públicamente El contento nacional. Glorias del pasado son, ¡Mas para un viejo soldado, Esas glorias del pasado Dan vida a su corazón...!