Spanish poem
Negra Pupila, Abierta Y Fulgurante
Negra pupila, abierta y fulgurante, Ancha y tersa la frente pensadora, Reposado el andar, dulce el semblante, La mano diminuta y tembladora; Todo extrañando el peso del turbante, Del blanco jaique y de la guzla mora: Así le conocí, cuando sentía Amor y juventud el alma mía. Era... ya lo sabéis, el inspirado, El egregio cantor de los amores; El que hablaba el idioma delicado De las brisas, las fuentes y las flores. Semejaba, en el siglo, un desterrado De las rondas de antiguos trovadores, Que en alta noche el mandolín tañía Al pie de la callada celosía. Él cantaba el más tierno de los seres, ¡Encarnación de la belleza humana! Hablaba de ilusiones y placeres, De una dicha inmortal y soberana; Del amor que derrama en las mujeres Más luz que el sol brillando en la mañana, Y cuyo beso, en alas de su anhelo, Basta a juntar la tierra con el cielo. Después... su frente pálida, abatida, Una sonrisa lúgubre en su boca; Su voluntad heroica ya vencida, Semejaba, en lo ñrme, abrupta roca Gastada por las olas de la vida; En el vaivén de la fortuna loca... El alma llena de esplendor y fuego, Y sus ojos sin luz... ¡ya estaba ciego! Ya sentada a sus puertas la pobreza, Conociendo del mundo los rigores, Hirió su altiva frenta la tristeza; Cantó libre sus íntimos dolores, Y halló en premio a sus sueños de grandeza Tardes nubladas y marchitas flores; Horas lentas, amargas, intranquilas, Y la noche en el alma y las pupilas. ¡Gladiador del espíritu! ¿a qué meta Pretendes ir así? ¿No te imaginas Que si mirara tu pupila inquieta, Vieras el jaramago en las rüinas? Ya ciñes la corona del poeta, Ya conoces su peso y sus espinas, Ya del rebelde mundo en el proscenio, Como un errante sol, brilló tu genio. Mirad... el genio cruza este desierto, Entre penas y lágrimas cautivo... En la tierra es un vivo que está muerto, Y en la tumba es un muerto que está vivo. Amar, soñar, creer, mirar abierto Un templo más allá, luchar altivo, Y consumirse al fuego que lo abrasa, Tras un aplauso que resuena y pasa. Tu patria sabe honrarte, enaltecerte, Para ser inmortal tienes derecho; Nadie en tu derredor culpa a la suerte, Ni sollozos exhala de su pecho; En las nupcias del genio con la muerte, La Historia es un hogar, la tumba un lecho, Y ambas fulguran con eterna llama Hoy que engendran un hijo de la Fama.