Versos Spanish Juan Eugenio Hartzenbusch Alma Envidiada Al Suelo

Spanish poem

Alma Envidiada Al Suelo

by (1806–1880)

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Alma envidiada al suelo, De conocerte indigno, Consorte que perdida Para mi triste amigo, Dichosa resplandeces En solio de zafiros: Vuelve los bellos ojos, Luceros matutinos, Al valle donde gime Quien fue tu regocijo. En ese de delicias Inmensurable abismo, Donde en perpetuo goce Vivís los elegidos, ¿En qué puede un recuerdo El bien disminuiros, Que brota, fuente viva, La faz del INFINITO? ¿Será que hasta vosotros Cerrado esté el camino Al ay del que padece Al ruego del cariño? ¡Oh! no cabe en el cielo Ingratitud ni olvido. Aquel afecto dulce, De las virtudes hijo, Alma del universo, Rayo del sol divino, Que trueca en serafines A dos amantes finos, Aquél es el que debe Formar el lazo pío, Que inseparables una La tierra y el empíreo. Tú en el excelso coro Cantas gloriosos himnos; Solloza solitario Tu esposo de continuo: Mengua es del amor vuestro Tan desigual destino. Cuando en la noche miras Que bañan hilo a hilo Sus lágrimas el lecho Que dividió contigo, Tálamo dulce un día, Ya potro de martirio; Vuela a su cabecera, Y aplica de improviso La cariñosa mano Al pecho dolorido: La mano que otro tiempo Contole los latidos, En él derrame ahora El bálsamo de alivio. Pesares nos aquejan En tanto que vivimos: Inspírenos el cielo Valor para sufrirlos. Corran placer y pena Por ley igual regidos; No sea el mal eterno, Y el goce fugitivo. Cual tierna flor ajada Por aquilón impío, Lució tu abril, Jacinta, Con instantáneo brillo Contaste, caminando Entre ásperos espinos, Años de vida pocos, De sufrimiento siglos. ¿Y quién en la ardua senda Fue tu constante arrimo, Partícipe en los males, Igual en los peligros? Tus labios no gustaron Gota de amargo absintio, Que al seno de tu esposo No hubiese descendido. Mas tú ves tus afanes En dicha convertidos; Los suyos cada día Crecen con doble ahinco: ¡Mísero del que vive! ¡Feliz quien ha vivido! ¡Ah! logra del Eterno Que separaros quiso, Y a cuyo trono asistes Alado paraninfo, Que ya que en su presencia Dilata el reuniros, De aquella paz guardada Para el celeste asilo Luzca un reflejo débil Al hombre que has querido, Y aun lícito le sea Días gozar tranquilos: No diga, blasfemando De tu inmortal cariño, Que hasta en el cielo caben Ingratitud y olvido.