Spanish poem
Con Luz Harto Macilenta
by Juan Eugenio Hartzenbusch (1806–1880)
ELLA Con luz harto macilenta El día se te presenta De ti anhelado y temido. Septiembre, seis, ha venido: Cumples hoy, Juan, los setenta. No abundan por acá mucho Compañeros de tu edad: Pasado, más que machucho, Te veo, y oir te escucho Tranquilo la novedad. Pero aunque hagas poco caso De un anuncio de esta suerte, Torpe ya tu cuerpo y laso, Mal en tu trémulo paso, Mal se ve para moverte. Renqueando por las calles, Si a conocidos que te halles Saludas cuando los ves, Por más que entre ti batalles, Dices luego: «Ése, ¿quién es?» Con flema, tal vez escasa, Temes respondan quizá: «Ya todo a usted se le pasa: ¡Si es don Fulano, que en casa Estuvo anteayer, papá!» Su poquillo te contrista, No como satisfactoria, La tal respuesta imprevista, Que dice cuál es tu vista, Y cuál también tu memoria. Das en errores extraños A tiempos, como esta vez, Del tuyo son estos daños, Del tuyo son desengaños. Mal sin cura es la vejez. No eres ya el chico del día Tantos de abril (abril era), Cuando por la vez primera Diste la mano a María Para subir la escalera. ÉL No los goces me recuerdes De remotos años verdes; Libro fueron que rasgué. Rasgas mi seno y le muerdes, Tú, sierpe hoy, la que ángel fue. Penas entonces de un modo Y de otro asaltarme vi; Luchaba empero, y vencí. Con amor se vence todo, Y amor y más hubo en mí. Esperando la bonanza, Yo al turbión le sonreía, Con la serena osadía Del que males desafía Escudado en la esperanza. La suya cumplida ve, Por fin, con delicia inmensa; Dios al cabo recompensa Al que opone por defensa, Con el infortunio, fe. Mil veces en mi interior Me dije: «No lo mereces, Y Dios te da su favor, Mostrándotelo con creces Junto al lecho del dolor». En él mi esposa yacía; En él suplicaba fiel; —Yo con ella. —Y escribía Los Amantes de Teruel. Allí guardo algún acento Que exhaló doliente y frío El labio del sufrimiento; De allí el arrepentimiento Me hizo arrancar algo mío. ELLA Pues hoy debes repetir Ese que es digno ejemplar, Y lo bueno dilatar: Circunscríbete a rezar, Y déjate de escribir. Tu cabeza de contino Te da cien chascos al día: Tras afanosa porfía, Sales con un desatino Para que el mundo se ría. Capricho terco avasalla Tu mente donde él preside, y opone a tus miras valla. ¿Quieres que el mundo te olvide? Olvida primero y calla. Fiel destello de razón Te infunda la reflexión, De que en silencio completo, Ganarás, si no respeto, Títulos a compasión. Hombre a la razón sumiso, Cumplir el común aviso Debe cauto, al malearse. Entonces es ya preciso... ÉL Conocerse y anularse.