Versos Spanish Juan Eugenio Hartzenbusch La Casa De La Madre

Spanish poem

La Casa De La Madre

by (1806–1880)

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El sueño final dormía, Tendida en funérea caja Con blanca y negra mortaja, La joven madre María. Y hallando el acceso franco, Un niño en la sala entró, Y muerta a su madre vio, Vestida de negro y blanco. Miró el niño el cuerpo inerte Con infantil impiedad: Estaba en la tierna edad Que aun ignora que haya muerte; Mas causáronle estupor Aquellas manos en cruz, Y aquel traje, y tanta luz De su madre en derredor. Le alzó en brazos por detrás Un mancebo con cariño: Sacaron de casa al niño, Y a su madre no vio más. En un templo cierto día Dar vio reverente culto A un triste y hermoso bulto, Que blanco y negro vestía. Cercábanle ardientes cirios; Las manos le vio cruzadas, Y en el pecho siete espadas Indicando sus martirios. «¡Mirad a mi madre allí!» El niño al punto exclamó. Un joven le dijo: «No.» Le dijo una anciana: «¡Sí! Lo es tuya de varios modos María, que allí se ve. —María mi madre fue. —María es madre de todos.» Juntó con piadoso error El niño (y hombre las junta) La madre que vio difunta Con la Madre del Señor. Y dulce interés despierta Oírle en voz conmovida: «Primer recuerdo en mi vida Fue ver a mi madre muerta.» «Veloz el tiempo corrió: Si el bien alcanzo que anhelo Veré a mi madre en el cielo, Joven ella, viejo yo.» A joven no era llegado, Y unas flores vio arrancar De tierra que fue solar De humilde albergue arruinado. Y un hombre dijo sombrío, Suspendiendo su labor: «Donde esta campestre flor, Nació tu madre, hijo mío.» «La casa materna, altar Debe para el hijo ser: ¡Feliz, si viene a caer, Quien la puede levantar!» Por más que al hijo desplace, Poco el suelo poseyó Donde su madre nació, Nunca el suelo donde yace. Al muro que el tiempo arrasa Da tumba naturaleza, Ni aun deja ver la maleza Las ruinas de aquella casa, Ruina era así la capilla Que, depuesto el rudo almete, Alzó sobre el Tagarete El Rey que ganó a Sevilla. Morada en tiempos mejores Fue de la mística flor, Que es Madre del Redentor Y Madre de pecadores. Ni el nombre más venerando Las iras del Tiempo ablanda; Mas vio por tierra Fernanda La fábrica de Fernando; Y el digno Esposo la vio, Que es de Príncipes ejemplo; Y a la voz de entrambos, templo La ruina resucitó. ¡Bien haya el amor filial De la pareja querida, Que alza la casa caída De la Madre universal! Aceptad la predicción De aquel hijo lastimado: Por su boca os ha enviado María su bendición. La obra de piedad que hacéis, En sí el galardón encierra: Dad a Dios casa en la tierra, Y en el cielo la tendréis.