Versos Spanish Juan Eugenio Hartzenbusch La Separación

Spanish poem

La Separación

by (1806–1880)

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De dos vírgenes tiernas Apoyada en los hombros, Trémulas las rodillas, Desencajado el rostro, Respirando congojas Y hablando por sollozos, Isabel lentamente Se arrastra al locutorio, Donde la está Gonzalo Esperando anheloso. Detiénese la triste Para alentar un poco, Desembargar la lengua Y serenar los ojos: Mostrar abatimiento Parécela desdoro De la consorte fina Que con ánimo heroico, En vida se sepulta Por dársela a un esposo. Para que a su semblante Suban matices rojos, Sangre le pide al pecho Dilacerado y roto; Y para ver al hombre Que el tiempo más dichoso Su ídolo fue adorado, Su bien único y solo, De la virtud y el cielo Confía en el socorro. Compónese la toca, Desdobla el cuerpo airoso, Del traje penitente Repara el abandono, Fija en una medalla Ósculos mil devotos, Y a vista de su amante Ofrécese de pronto, Cual ángel cuya planta Huella el poder del Orco. Largo tiempo es del labio El ministerio ocioso; Que al través de las rejas Que al mundo ponen coto, Los dos enamorados Se dicen sin estorbo En las miradas mucho, En los suspiros todo. Dando al fin a la lengua Súbito desahogo, Isabel a Gonzalo Háblale de este modo: «Al cerrar por mí mano las barreras Que de ti me separan y del mundo, Quise que nunca mi dolor profundo Con tu vista vinieras a aumentar». «Hoy te agradezco que mi ley quebrantes, Plácida recreándome la idea De que Gonzalo la constancia vea Con que mi pena sé sobrellevar». «Entre temer la culpa y expiarla, Paso los días y la muerte espero; Pero a este precio tu vivir adquiero: Dulce por ti se torna mi dolor». «Cuando recuerdo que mi amor bizarro Conserva a España su mejor caudillo, Corro al altar y ante el Señor me humillo, Y bendigo su mano de rigor». «A vida sin placeres condenada Desde que a ver la luz abrí los ojos, Vegetando entre muros y cerrojos, Fui como planta que sin sol creció». «Las trovas que cantaron a mi reja Galanes mil en amoroso ruego, Yo las oía como escucha el ciego El bramido del mar que nunca vio». «Por ti mi corazón aletargado, Llanura estéril, arenal desierto, Se vio de flores de placer cubierto, Y amaneció la dicha para mí». «Aquellas horas de dulzura llenas, Un beso tuyo, tu menor halago, Yo, Gonzalo querido, no los pago Ni con un siglo que suspire aquí». «Mil años de penar en el infierno Fueran de tanto bien premio mezquino... Perdona mi locura, Juez divino; Compadece a una mísera mortal». «Habla al esposo la infeliz esposa, Y se despierta su cariño blando; Hablo al que todavía estoy amando, Porque me vence mi pasión fatal». «¡Ah! no lo permitáis, Dios poderoso, Ni tú lo creas, mi Guzmán querido. Nunca sobre tu amor caerá mi olvido, Pero a ponerle freno aprenderé». «Mas entre tanto que angustiada lloro, Quizá en otra mujer pérfido adores. No profanes jamás nuestros amores; Prométeme, Guzmán, eterna fe». «¿Me miras y del manto te despojas? ¡De Alcántara la cruz muestra tu pecho! ¡Y yo, Dios mío, de su fe sospecho, Cuando se acoge como yo al altar!» «Centro ahora común de nuestras alma, Dios, que desde su trono nos inspira, Nuestro cariño mirará sin ira Que a su seno amoroso va a parar». «Y la esposa podrá de dos esposos Implorar al Eterno por el hombre Que para gloria de su santo nombre Lidiará de Granada en el confín.» «Y al escuchar las ínclitas hazañas Con que triunfe Guzmán del agareno, Confundiré sin crimen en mi seno Mano y origen, instrumento y fin». «Que de mi amor con dura penitencia La parte terrenal acrisolada, Yo amaré tus virtudes y tu espada Como destellos del poder de Dios:» «Y tras vida de paz sin amargura Tranquilos a la huesa bajaremos, Y en el cielo por fin nos uniremos Por edades sin término los dos».