Spanish poem
Yo, Comella, Aquel Fatal
by Juan Eugenio Hartzenbusch (1806–1880)
Yo, Comella, aquel fatal Comella, que daba a luz Un disparate mensual Para el Príncipe, o la Cruz, O los Caños del Peral; Yo, que los campos Elíseos Habito al fin, desde que Mis pecadillos purgué, Tiempo ha, madrileños, quíseos Decir lo que hoy os diré. Escribiendo mal y pronto, Al público traje tonto Con mi Teresa en Landau, Mi Federico en Torgau, Mi Esclava de Negro Ponto. Padres bobos de familias, Madres de familia bobas, Dieron prez a mis vigilias, Aplaudiendo mis Cecilias, Llorando con mis Jacobas. La sociedad alta y fina, Como la gente común, Se pasmó de mi Cristina, Mi Natalia y Carolina Y mi Escocesa Lambrún. Cómico lírico al par, ¡Cuánto no hicieron ganar Mis óperas españolas! Ellas se cantaban solas: Señores, no es ponderar. Pródigamente aplaudido, Y mal pagado, según Costumbre de España ha sido (La cual, dicen, ha seguido Sin alteración aún), Señaló a mis glorias fin Un mozuelo botarate, Narigordo y chiquitín, Que fue joyero y abate: Don Leandro Moratín. Éste, sin hacer misterio, Me retrató ce por be Con superior magisterio En aquel Don Eleuterio De su comedia, El Café. Púseme yo furibundo Al verme tratar así. Me desquité... me morí... Él también salió del mundo, Y encontrámonos aquí. Como todo lo miramos Ya sin pasión los difuntos, Pronto nos reconciliamos. Lo que es ahora, tomamos Los dos chocolate juntos. Unión tan rara y tan bella, Que quien ponga duda en ella Debe dejarse enterrar, Y venir a merendar Con Moratín y Comella. En el Diario leí Que hoy en escena ponéis La hermosa comedia, El Sí De las niñas, que yo vi Estrenar el año seis: Obra de gusto exquisito, Si no de sublime genio, Proclamada a voz en grito Como la mejor que ha escrito El buen Inarco Celenio; Obra que por el autor Fue y es a la vez mirada Con júbilo y con dolor, Como que le fue inspirada Por un malogrado amor. Esa hechicera Paquita Se llamaba y era así, Bella, amable... regordita... Ya con nosotros habita: La tengo en frente de mí. También la tal Doña Irene Retrato al natural es, Y ¡qué semejanza tiene! Mas esto ya no conviene: Voy a la comedia, pues. Sin bautizo y sin entierro, Sin mono, urraca ni perro galán; Que haga de primer galán; O madre y niño en encierro Transidos de hambre y sin pan, Con una decoración De bien poco relumbrón; Sin trajes ricos, vejete, Versitos de sonsonete Ni chistes de bodegón; Entusiasmo sin igual Excitó en las jerarquías Todas de la capital, Durando veintiséis días, Parando en el Carnaval. Éxito inmenso, inaudito, Que de un revés fue ocasión: Vedó su continuación Aquel tribunal bendito De la Santa Inquisición. Muy bien hecho,¡voto a san! ¡Tizonazo al perillán Que, horrorizando almas pías, Dijo que eran chucherías Los santos de mazapán! Pero después ocurrió Lo que ya la historia escribe.— La España se transformó; La Inquisición pereció, Y El Sí de las niñas vive. Porque así triunfa el talento; Así al error da castigo El tiempo justo, aunque lento: Yo escribí cien obras; ciento Se sepultaron conmigo. No así Moratín: su nombre Cada vez cunde mayor. ¡Loor, eterno loor Al que tan bien pinta al hombre, Para volverle mejor! Él enseñó a la vejez, Él honró la ancianidad, Él condenó, recto juez, A eterna ridiculez La pedante vanidad. El estafador tembló De su voz grave y severa. Y de sí se avergonzó La hipócrita zalamera Cuando su imagen miró. Él al paterno poder Línea trazó decorosa, Él defendió a la mujer: —Su misión no pudo ser Más noble ni más hermosa. Duramente me trató; Mas (con orgullo lo digo) Mi honradez reconoció. Le alabo, y fue mi enemigo: Pocos hacen lo que yo. Modelos de arte y buen gusto Dejó; pero con derecho Le dirá el crítico adusto Que no es útil siempre y justo Seguir su camino estrecho. Con poetas de otra edad Moratín sus glorias parte; El ingenio, aunque es verdad Que necesita del arte, Vive de la libertad. Y gloria de su nación Será el insigne varón, Que logre juntar al fin El genio de Calderón, El arte de Moratín.