Spanish poem
Dulce Dalmiro, Cuando A Filis Suena
Dulce Dalmiro, cuando a Filis suena Tu delicada lira, El río por oírte el curso enfrena, Y el mar templa su ira. Alzan las Ninfas su nevada frente Coronada de flores, Suelta Neptuno el húmido tridente Absorto en tus amores. Del céfiro en los brazos calma el vuelo El ábrego irritado; Y el verdor torna al agostado suelo Tu acento regalado. Desde el olimpo baja Citerea, Tanto con él se agrada, Y en sus canoros trinos se recrea, De Mavorte olvidada. Siguen tus blandos ayes arrullando Sus cándidas palomas, Sus Cupidos contino derramando Sobre ti mil aromas. Y otros tan fino amar tiernos oyendo, Una guirnalda bella De mirto y rosas y laurel tejiendo, Ornan su sien con ella. Las vagarosas parlerillas aves Que ven la Cipria diosa, Aclaman con mil cánticos suaves Su llegada dichosa: Y en dulcísimos tonos no aprendidos Le dan la bienvenida; Mas de tu lira oyendo los sonidos Calla su voz vencida. O Filomena solo que enardece Tan celestial encanto, En blandos píos remedar parece Las gracias de tu canto. Mientras que de Díone los loores Renovando divinos, La imploras favorable en tus amores Con mil sáficos himnos; Que muy más dulces que la miel más pura, Que el aroma agradables, Solo respiran plácida blandura, Solo afectos amables, Delicias solo y embeleso y gloria, Y paz y eterna calma, Bien que de Fili la llorosa historia Renuevan en el alma: Y aquel brillar cual fósforo esplendente Que raudo cruza el cielo, Para hundirse en el lóbrego occidente Dejando en luto el suelo. Todo oyéndote calla, tu voz suena, Y el concento armonioso Puebla el aire y el ánimo enajena En éxtasi amoroso. No cese pues, poeta soberano, Son tan claro y subido: Goza el sublime don que en larga mano Te dan Febo y Cupido. Gózale; y en mi oreja siempre suene Tu derretido acento, Que de ternura celestial me llene Y de inmortal contento.