Spanish poem
Parad, Airecillos
Parad, airecillos, y el ala encoged, que en plácido sueño reposa mi bien. Parad y de rosas tejedme un dosel, do del sol se guarde la flor del Zurguén. Parad, airecillos, parad, y veréis a aquella que ciego de amor os canté, a aquella que aflige mi pecho crüel, la gloria del Tormes, la flor del Zurguén. Sus ojos luceros, su boca un clavel, rosa las mejillas; y atónitos ved do artero Amor sabe mil armas prender, si al viento las tiene la flor del Zurguén. Volad a los valles; veloces traed la esencia más pura que sus flores den. Veréis, cefirillos, con cuánto placer respira su aroma la flor del Zurguén. Soplad ese velo, sopladlo, y veré cuál late y se agita su seno con él: el seno turgente do tanta esquivez abriga en mi daño la flor del Zurguén. ¡Ay cándido seno! ¡quién sola una vez dolido te hallase de su padecer! Mas ¡oh! ¡cuán en vano mi súplica es!, que es cruda cual bella la flor del Zurguén. La ruego, y mis ansias altiva no cree; suspiro, y desdeña mi voz atender. Decidme, airecillos, decidme: ¿qué haré, para que me escuche la flor del Zurguén. Vosotros felices con vuelo cortés llegad, y besadle por mí el albo pie. Llegad, y al oído decidle mi fe; quizá os oiga afable la flor del Zurguén. Con blando susurro llegad sin temer, pues leda reposa, su altivo desdén. Llegad y piadosos, de un triste os doled, así os dé su seno la flor del Zurguén.