Versos Spanish Julio Zaldumbide Gangotena El arroyuelo

Spanish poem

El arroyuelo

by (1833–1887)

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Arroyuelo que deslizas tu cristal en la pradera, tu corriente vocinglera voy siguiendo con placer: notando voy en tu curso la variedad inconstante, en esto tan semejante a cuanto fue y ha de ser.

De las cosas de la vida es imagen tu carrera, que así mudan de manera como tú de dirección; y por esta semejanza, al contemplar tu onda fría, no sé si melancolía siente, o gozo el corazón.

¡Cuántos sitios diferentes conociendo vas al paso! Este herboso, ese otro raso; un florido, otro sin flor. Ya en el llano corres fácil, ya atraviesas matorrales, o ya lanzas tus raudales por pendientes de verdor.

Ya aquí te miro sereno lamer la margen callado, y quedar como encantado en un éxtasis de paz; copiando en tu seno puro el profundo y azul cielo, y un sauce mecido al vuelo de los céfiros, fugaz.

Y «así es», me digo pasando, «así es el hombre que sueña con la esperanza risueña en el seno del amor; de la ilusión la aérea sombra refleja su mente en calma, y un cielo tiene en el alma de mágico resplandor».

Borbollas en cavidades, te dilatas con reposo, o maldices y furioso de estrechas márgenes vas. Ya encuentras campo de flores, ¡y es de ver cómo allí giras, cuál te aduermes y suspiras por no salir dél jamás!

Bien haces, dulce arroyuelo: breves los dichosos, largos son los instantes amargos que tenemos que pasar. ¡Qué bien entiendes y sabes que la ventura en la vida ha de llorarla perdida quien no la supo gozar!

Bien haces en detenerte en este sitio florido; antes te veas sumido que dél intentes salir. Así pienso yo, arroyuelo, que en la edad de los amores, pues es la edad de las flores, debiera el hombre morir...

¡Cómo te dilatas manso, y enamorado murmuras, músico de notas puras, entre una y otra flor! ¡Qué artificioso revuelves y formas remansos bellos, porque se retrate en ellos su hermosura y esplendor!

Si de alguna flor consigues inclinarla a tu corriente, la besas la dulce frente una y otra, y otra vez; mas de aquella que no inclinas trepar por el tallo intentas, y con suspiros lamentas tu impotencia y su esquivez.

Así el trovador al pie del castillo en donde mora la dama a quien enamora, suspira en trovas de amor; mas ella ingrata y esquiva acaso en la alta ventana, escucha el cantar ufana, pero burla del cantor...

Si de la flor que te burla el viento arranca una hoja, y a tu corriente la arroja, ufano con ella estás; ¡y es de ver cómo festivo en remolino la llevas! Ya la hundes, ya la elevas, y huyendo con ella vas...

Mas ¿a dónde, infeliz, huyes? Vuelve a tu sitio florido, que le llorarás perdido cuando no puedas volver. La pendiente te arrebata, te cupo infeliz destino, pues él te traza el camino que tú no puedes torcer.

Un luengo y lóbrego caño a poco que andas te encierra, y te lleva bajo tierra a muy distante lugar. Correrás siempre adelante, arroyuelo malhadado, por la pendiente arrastrado hasta arrojarte en el mar.

Quizás de arroyuelo claro turbio torrente furioso que nunca encuentra reposo, andando te tornarás; y entonces de aqueste humilde sitio de flores vestido, donde corriste adormido, con dolor te acordarás.

Así al mortal el destino le arrebata en su camino malhadado, y pasa la edad de amores, cual tú pasas el de flores, sitio alegre y regalado;

y sigue y es sin piedad, de una edad en otra edad impelido, sin hallar nunca reposo, como tú, cuando en furioso torrente vas convertido.

Te arrastra a ti el desnivel, la mano imperiosa, a él, de la suerte; y, cual tú en brazos del mar, él, a la fin, va a parar en los brazos de la muerte.