Versos Spanish Julio Zaldumbide Gangotena El bosquecillo

Spanish poem

El bosquecillo

by (1833–1887)

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Bosquecillo frondoso, que a las orillas del sonante río abrigo delicioso me das en los calores del estío.

Cuando yo te contemplo, mientras abrasa el aire el mediodía, el misterioso templo te finge del placer mi fantasía.

Los festivos amores están en torno tuyo revolando, y en tu lecho de flores se recuesta el deleite suspirando.

Y al que en tu seno amparas el numen del secreto dice aerio: «Sacrifica en mis aras; mis sombras te prometen el misterio».

Y acuden presurosas, dejando las lejanas arboledas, las aves codiciosas de la promesa de tus sombras ledas...

Mas yo soy solitario, no tengo como el ave compañera; me llama a tu santuario más grata voz, si menos hechicera:

¡La voz del ocio blando!... Aquí me tiendo en la mullida alfombra de tu césped, gozando la frescura del río y de tu sombra.

Y miro el curso lento que en la pradera tuerce el sesgo río, y a su música atento me pierdo en un sabroso desvarío.

Ya ver se me figura al dios de los pastores y ganados buscando la hermosura de Eco por los valles y collados.

La ninfa se le esconde huyendo sus impúdicos amores, y tan sólo responde con fugitivo acento a sus clamores.

Porque ella aún deplora los desprecios de Adonis afligida, y en las cavernas llora en aerio y vago acento convertida.

Dentro las claras linfas del río, de cristal miro un palacio: cerniendo están sus ninfas en cribas de esmeralda, oro y topacio;

y entre ellas el sagrado numen está del río, muellemente en la urna reclinado, ceñida de limosa alga la frente...

Todo se anima, todo cobra voz, cobra vida y movimiento, y por extraño modo todo lo prueba el vago pensamiento.

¡Oh, campiña agradable, que dulcísimo encanto mío eres! ¡Séate favorable el claro sol, propicia el alma Ceres!

Flora te dé fragancia, no destruya tus galas el invierno; Pomona la abundancia derrame en ti de su colmado cuerno.

Y a ti, bosque frondoso, que a las orillas del sonante río abrigo delicioso me das en los ardores del estío.

Propicio a tus verdores te sonría apacible el claro cielo, frutos te den y flores las estaciones en su raudo vuelo.