Versos Spanish Leandro Fernández de Moratín Oda: Los Días

Spanish poem

Oda: Los Días

by (1760–1828)

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¡No es completa desgracia, que por ser hoy mis días, he de verme sitiado de incómodas visitas! Cierra la puerta, mozo, que sube la vecina, su cuñada y sus yernos por la escalera arriba. Pero, ¡que!... No la cierres, si es menester abrirla: si ya vienen chillando Doña Tecla y sus hijas. El coche que ha parado, según lo que rechina, es el de Don Venancio, ¡Famoso petardista! ¡Oh! Ya está aquí Don Lucas haciendo cortesías, y Don Mauro el abate, opositor a mitras. Don Genaro, Don Zoylo, y Doña Basilisa; con una lechigada de niños y de niñas. ¡Qué necios cumplimientos! ¡Qué frases repetidas! Al monte de Torozos me fuera por no oírlas. Ya todos se preparan (y no bastan las sillas) a engullirme bizcochos, y dulces y bebidas. Llénanse de mujeres comedor y cocina, y de los molinillos no cesa la armonía. Ellas haciendo dengues, allí y aquí pellizcan; todo lo gulusmean, y todo las fastidia. Ellos, los hombronazos, piden a toda prisa del rancio de Canarias, de Jerez y Montilla. Una, dos, tres botellas, cinco, nueve se chiflan. ¿Pues, señor, hay paciencia para tal picardía? ¿Es esto ser amigos? ¿Así el amor se explica? Dejando mi despensa asolada y vacía. Y en tanto los chiquillos, canalla descreída, me aturden con sus golpes, llantos y chilladiza. El uno acosa al gato debajo de las sillas: el otro se echa acuestas un cangilón de almíbar. Y al otro, que jugaba detrás de las cortinas, un ojo y las narices le aplastó la varilla. Ya mi bastón les sirve de caballito, y brincan mi peluca y mis guantes al pozo me los tiran. Mis libros no parecen: que todos me los pillan, y al patio se los llevan para hacer torrecitas. ¡Demonios! Yo que paso la solitaria vida, en virginal ayuno abstinente heremita. Yo, que del matrimonio renuncié las delicias, por no verme comido de tales sabandijas: ¿He de sufrir ahora esta algazara y trisca? Vamos, que mi paciencia no ha de ser infinita. Váyanse enhoramala: salgan todos aprisa recojan abanicos, sombreros y basquiñas. Gracias por el obsequio y la cordial visita, gracias; pero no vuelvan jamás a repetirla. Y pues ya merendaron, que es a lo que venían, si quieren baile, vayan al soto de la villa.