Spanish poem
El Simil
La casa solariega que esfuma en el borroso ambiente su fachada de sucias piedras rojas, sirve de fondo al viejo jardín abandonado, todo él ramas desnudas en las que tiemblan hojas de un ocre acarminado. Aquí y allá verdean las cabelleras flojas de los pinos... ¡Qué fría la mañana de enero! Llueve. Caen las hojas con un vuelo cansado, navegan en las charcas plomizas del sendero; y un árbol que se apoya sobre la tapia mustia el rudo tronco inclina con tan doliente angustia que es como un hombre herido que dijese: ¡me muero!
De pronto de las ásperas y obscuras ramazones, como un collar de alas desgranado en las brumas, salen, alegremente jugando, unos gorriones sin miedo a la llovizna que les mojó las plumas.
Yo sonrío y evoco.—¡Oh, mi símil eterno; ágiles pajarillos, últimas ilusiones que alegráis la tristeza de mi vida en invierno!...
Madrid, 1919.