Versos Spanish Manuel Bretón de los Herreros ¡Oh Qué Sabio Es Madrid! ¡Oh Cuál Rechina

Spanish poem

¡Oh Qué Sabio Es Madrid! ¡Oh Cuál Rechina

by

Listen in the reader

¡Qué! ¿No hay más sino meterse a escribir a salga lo que salga, y ya soy autor?

¡Oh qué sabio es Madrid! ¡Oh cuál rechina Aquí y allá la trabajada imprenta! ¡Oh cuán en posta el pueblo se ilumina! ¡Oh cuán rápida crece vuestra renta, Fabricantes de Alcoy! ¡Oh qué de pliegos El ansia de escribir consume hambrienta! ¿Y dónde, dónde están los hombres legos Si hasta los necios son hijos de Apolo? ¿Si todo es luces hoy, dó están los ciegos? Cada río en España es un Pactolo; Cada coplero un Píndaro y un Dante Que al mundo ha de asombrar de polo a polo. ¿Cuándo una prensa yacerá vacante? ¿Cuándo veré una esquina sin carteles? ¿Dónde iré sin topar con un pedante? ¿En qué archivo cabrán tantos papeles Que embadurnan sin Dios y sin conciencia Escritores adultos y noveles? ¿Ese pío lector, cuya paciencia Ya excede a la de Job, en dónde vive? ¿Quién me dará razón de su existencia? Mi anheloso mirar no le percibe. ¿Qué mucho? ¿A quién se guarda la lectura Si todo el mundo sin cesar escribe? Tanto cundes, feliz literatura, Que no en estraza, sino en prosa y verso Se envuelve por acá la confitura. Y cuando a tanto cálamo perverso De escribir acomete la manía, ¿Privas del tuyo, oh Fabio, al universo? Tú, iniciado en la dulce poesía; Tú, que haces redondillas de repente, ¿Por qué no escribes, Fabio, noche y día? No tu suma ignorancia te amedrente. Menos sabe don Próspero, y gallea Porque no hay un Boileau que le escarmiente. De cierto literato fue albacea; Con esto, y un destierro, y un diploma, Cátale ya escritor de alta ralea. Por ahí dicen las gentes, será broma, Que de tanto francés como ha aprendido Ya no sabe escribir en nuestro idioma. ¿Y qué importa? Su nombre mete ruido Como el de tanto cuervo literario Que osada presunción sacó del nido. Sólo algún nuevo Zoilo temerario Pudiera condenarle porque agrega Cien voces cada día al diccionario. ¿Y el crítico furor a tanto llega? No es moda ya que la española pluma De castiza blasone y solariega. Loco será quien destruir presuma La gálica irrupción. Antes podría Al piélago quitar la blanca espuma. Escribe, escribe, Fabio; que a fe mía, Si observas mi lección imperturbable, El vulgo aplaudirá tu algarabía. ¿Qué es vivir de una renta miserable; De un honrado taller, o de un empleo, A no ser de Castilla condestable? Petulante, embrollón, mordaz te creo; Hablas a chorros y el francés traduces... Serás hombre de pro, ya lo preveo. Tú coplea, y verás cómo te luces; Que entre cisnes también hasta el Parnaso Trepan desde Madrid los avestruces. Vate conozco yo que del Pegaso Ni un relincho merece, y se le aplaude Más que a Rioja y al tierno Garcilaso; Y mientras plata y vítores recaude ¿Qué le importa si Apolo escarnecido Llora en silencio el insolente fraude? No me seas modesto y comedido; Que irás al hospital. Dice un adagio Que ayuda la fortuna al atrevido. Si no hay propio caudal, acude al plagio. ¿Uno lo atrapa? Bien; lo ignoran ciento, Y de los ciento ganas el sufragio. Sobre todo, tu pluma siga el viento De la fortuna, en su favor o saña, Ya apacible, ya raudo y turbulento. ¿Cambió la suerte? Válgate la maña: Adula al poderoso, intriga, sopla, Y tendrás, Fabio mío, una cucaña. Ayer hubiera honrado la manopla Al descarado Antón, que hoy paga coche. ¿Y cómo lo adquirió? Con una copla. Deja que otro pacato día y noche Torne al yunque y retorne sus escritos. Tú escribe a norte y sur, a troche y moche. Los fatuos en Madrid son infinitos; De autor entre ellos cobrarás la fama, Y en vano gruñirán los eruditos. Tal vez sobre los sabios encarama La ignara plebe al fantasmón pedante Que merecía estar paciendo grama. Otro los hechos de Gonzalo cante, Otro al buen Cid en numerosa rima; Tú no emprendas locura semejante. Ni esperes que del hambre se redima, Bien que le paguen con aplauso vano, Quien buenos versos en España imprima. ¿No es mejor en lenguaje chabacano Del francés traducir un melodrama, Y venderlo después por castellano? Muda el nombre al gracioso y a la dama, Nuevo título inventa; y juro a cribas Que el público por nuevo se lo mama. No creas que a la tumba sobrevivas; Y pues sólo el dinero aquí se aprecia, Nunca leas a Horacio cuando escribas. Ciertas voces oriundas de la Grecia Basta que aprendas, Fabio, de memoria: Como epítasis, ritmo, peripecia...; Y aunque mover debieras una noria, Lléveme Satanás si el populacho No te cubre de aplausos y de gloria. Ni hablar sin propiedad te cause empacho; Que sintaxis, prosodia, analogía... Son frívolos estudios de muchacho. Ni el carecer de libros; que en el día Basta ya con Rengifo y Taboada Para escribir en prosa y poesía. Te dirán que es forzoso —¡qué bobada!— Escribiendo crear. Fileno crea; ¿Y qué gana con eso? Poco o nada. Se afana el infeliz, suda, patea, Mil desaires le cuestan sus porfías Primero que la luz su obrilla vea; Y después de tan fieras agonías, En limpio ¿qué le dan? Quince doblones; ¡Y agotan la edición en ocho días! De estos genios, honor de las naciones, No envidies el infausto privilegio, Y vive de morralla y traducciones. Allá en el Sena de laurel egregio Se ciñen y riquezas acumulan; Aquí van a la sopa de un colegio; Si no es que a hinchados próceres adulan, O engañando a inocentes suscriptores Con falaces prospectos especulan. ¡Y el teatro!... ¡Gran Dios! Tus borradores, Si no son de algún lírico programa, Te valdrán menos plata que sudores. Necio el que gracias y moral derrama, Oh Talía, en tus aras, do Celenio De los Terencios eclipsó la fama. ¿Qué vale ya el saber? ¿Qué vale el genio? A la solfa consagre sus tareas Quien pretenda brillar en el proscenio. El fuerte Aquiles, el prudente Eneas, Si pretenden medrar en nuestra zona, Acudan al mi-dó y a las corcheas. Al que antaño ganó civil corona El varonil talante distinguía, Y aterraba en sus manos la tizona. Hoy al compás de blanda sinfonía Virtuosa la esgrime ultramontana Que sólo el triunfo a su garganta fía. Ya no se estila en rima castellana Escuchar los furores de un Atreo, Ni a Pelayo afrentado por su hermana. ¿No es mejor en henchido coliseo Del contralto admirarlas pantorrillas Que en París le vendió marchante hebreo? Mas, oh Pindo español, en vano chillas; Que sin dolerse de tu amarga pena De Orfeo triunfarán las maravillas. Ni porque a tantas almas enajena El tenor o la tiple de cartello Desierta vemos la española escena; Que, si bien se consigue pelo a pelo El mugriento cartón, ve todo el mundo A Cabeza de Buey y a Brancanelo. Y el mismo elegantuelo nauseabundo Que a Moratín y a Calderón desdeña Aplaude un melodrama furibundo. Lo repito: es muy necio quien enseña Verdad, buen gusto, y de la insana plebe En derrocar los ídolos se empeña. Traducir es más fácil y más breve; Y quizás el librero más te pagué Cuanto sea tu escrito más aleve. En tanto, si pretendes que te halague El aura popular, di que has estado En París, en Antuerpia, en Copenhague. ¡Cuánto vale en Madrid quien ha viajado, Y si sabe mentir con cierta gracia Cuál se ve de los bobos celebrado! Con tono magistral, con suma audacia Donde quiera que estés habla de todo: De historia; de blasón, de diplomacia... Mucho rebuznarás. No me incomodo; Ni aunque digas que al centro de la Iberia Vino desde el Brasil el visogodo. Sin gran lujo no salgas a la feria; Que hoy se juzga a los sabios por la ropa. ¡Guárdate, Fabio, de ostentar miseria! Si en lugar de batista, ruda estopa Cubre tus carnes, se acabó el prestigio: Ni en San Francisco te darán la sopa. Mas de tu fama crecerá el prodigio Si el mercader, el sastre y la patrona De litigio te llevan en litigio. ¡Ea! Papel sin término emborrona, Aunque sea con fárrago y basura; Que el pueblo es un bendito, y Dios perdona. Aunque es tu frente como el hierro dura, No temas carecer de materiales; Que quien sabe copiar jamás se apura. Establece en París corresponsales. ¡Se escribe tanto allí!... Por el correo Cien rasgos te vendrán originales. Si copiar te parece pobre empleo, Agregando algún frío comentario Reimprime a los difuntos, y laus Deo. O échate a criticón atrabiliario, Aunque te expongas a cruel mordaza Y te llamen procaz y temerario. Si de otro más dichoso te amostaza El reiterado lauro, en él te ceba. Su opinión y sus obras despedaza. Crimen reputa que a agradar se atreva Tal escritor al público sencillo. Di que es digno de cárcel y de leva. No gemirá por eso en un castillo; Que el gobierno solícito bien sabe Quién es hombre de honor, y quién es pillo. Mas el pobre escritor acaso agrave Su imaginario mal, y acobardado De componer y de brillar acabe. Si natura el talento no te ha dado Que al bachiller Juan Pérez de Munguía Y su pincel maestro te ha negado; No como él con donaire y valentía A escarnecer abusos te limites Que jamás ley humana extirparía. Mejor es que a gritar te desgañites Contra todo mortal que te haga frente, Y el pan si puedes y el honor le quites. Ni en todos claves el dañino diente. El opúsculo ensalza de Fabricio, Aunque a las musas tu descaro afrente. Hoy está en candelero, y tu servicio Puede galardonar. Muerde y adula; Que es socorrido y cómodo el oficio. Sigue antes a los asnos de la dula Que al veraz escritor por la ardua senda Donde se atolla el mísero y se anula. Si alguno hubiere que impugnar pretenda Tu sátira cruel, de nuevo ripio Te servirá la crítica contienda. ¡Y no hay que desmayar! Desde el principio Échala de doctor, por más que ignores Lo que es interjección y participio; Que a fuerza de sofismas y de errores De tu rival fatigarás la pluma, Y de paso a los cándidos lectores. Mas ¿por qué el raro empeño así me abruma De formar de la nada un pedantuelo Si infestan a Madrid en tanta suma? ¿Quién enseñó a escribir a don Marcelo, Que hace para halagar a un cortesano En vez de un panegírico un libelo? ¿No echó a volar sin guía don Ulpiano Su enfático poema, que aun de balde No lo quiere leer ningún cristiano? ¿No escribe con permiso del alcalde, Tratados de farmacia don Benito Sin conocer siquiera el albayalde? ¿No imprime como propio el manuscrito Que al prójimo robó don Celedonio, Y le llaman las gentes erudito? ¿Dónde estudió don Blas, el muy bolonio, Autor de esa novela fementida Que apesta a Mundo, a Carne y a Demonio? ¿Ha pisado una cátedra en su vida Don Cosme, que en su plan estrafalario Con el oro y el moro al Rey convida? ¿Supo lo que escribía don Macario Que, aunque dijo a Madrid: «yo lo he compuesto», Encuadernó, y no más, un diccionario? ¿Qué ciencia ha requerido ese indigesto Almacén de inexactas colecciones En letra infame y en papel funesto? Tantas y tan inicuas traducciones Que no se entienden ya ni aquí ni en Francia; Tantos dramas exóticos, ramplones; Tanto epítome ruin para la infancia; Tanta refundición bárbara, impía; Tantas y tantas coplas sin sustancia; ¿Son partos del talento? No a fe mía; Abortos son del rudo publicismo Que al extremo llevó su tiranía. Hay hombres cuyo ciego fanatismo Por ver su nombre impreso a tanto llega, Que imprimieran la fe de su bautismo. Hay necio que a Marón llama colega Si publicar consigue una charada En versos crudos de gaita gallega. Hay quien desea que a la tumba helada, Por imprimir la esquela del entierro, Súbito baje su consorte amada. Y hay quien se juzga autor, siendo un becerro, Porque en letras de molde el buen Diario La filiación estampa de su perro. ¡Qué! ¿Sólo puebla el mundo literario Esa plaga de autores ignorantes Que denuncia tu cáustico inventario? ¿Todos somos plagiarios y pedantes? ¿No hay ya quien libros de honra y de provecho En el idioma escriba de Cervantes? ¿No hay sabios en historia, y en derecho, Y en lenguas, y... Sí tal. Hay grandes hombres, Lo sé de unos, y de otros... lo sospecho. Bien pudieras citar algunos nombres... ¿Escribo acaso yo contra los sabios? No. Pues si no los cito, no te asombres. Y algunos tomarían por agravios Mis elogios tal vez. Sí, su modestia... ¡Hay tanta en sus escritos y en sus labios!... Pero aunque sé que es vana mi molestia, Pues yo no he de quitarles su talento, Ni está en mi mano el dársele a una bestia; Quiero decirlo; que si no, reviento; Muchos se llaman doctos en el día Porque atestan de libros su aposento. Y si culpo y maldigo la osadía Del que escribe en materia que no entiende Y a diestro y a siniestro desvaría; El huraño doctor también me ofende Que, mirando de lejos la batalla, O sabe mucho, y todo se lo calla; O nada sabe, y todo lo reprende.

pío lector

Boileau

epítasis, ritmo, peripecia...;

Rengifo y Taboada

cartello

Cabeza de Buey Brancanelo

originales

laus Deo.

Juan Pérez de Munguía

En versos crudos de gaita gallega.