Spanish poem
¡Oh Siglo Del Vapor Y Del Buen Tono!
by Manuel Bretón de los Herreros
¡Oh siglo del vapor y del buen tono! ¡Oh venturoso siglo diecinueve... O, para hablar mejor, decimonono! Si alguna pluma cáustica se atreve A negar tus virtudes y tu gloria, Yo la declaro pérfida y aleve. ¿Cuándo ha visto en sus páginas la historia, Sea en la antigua edad, sea en la media, Tantas acciones dignas de memoria? ¡Y qué saber! Si Dios no lo remedia, Tendrá cada varón dentro de poco Montada en su nariz la enciclopedia. Mozuelo a quien ayer hacía el coco Bestial pasiega, y sin ajeno auxilio Ni andar podía ni limpiarse el moco, Hoy desafía a Homero y a Virgilio, O con él comparado, si gobierna, Era un mal aprendiz Numa Pompilio. Hay quien echa a Demóstenes la pierna De la elocuencia gárrula prendado Que aprendió en los cafés... o en la taberna. A otro basta nombrarle diputado, Aunque su nulidad sea notoria, Para que él se repute hombre de estado. Hasta un pinche que en docta pepitoria Perdices o besugos condimenta, De sabio alcanza ya la ejecutoria; Que si a la parca víctimas aumenta La ciencia culinar, sabrosa muerte Es morir con su sal y su pimienta. Escribir y crear es nuestro fuerte, No hay poste ya sin cartelón impreso, Ni prensa ociosa, ni punzón inerte. ¡Así se compran páginas al peso, Pagando medio duro por arroba, Para envolver los dátiles y el queso! Uno invoca a las brujas en su trova; Otro sigue a Aristóteles y a Horacio; Otro pinta a los héroes con joroba; Aquel pulsa la lira en un palacio; Aquel otro rasgando la bandurria Muestra en un bodegón su cartapacio. Ya nos posea el júbilo o la murria, A todos nos ataca esa manía, Esa especie de métrica estangurria, Y lo mismo en la dulce poesía Que en moral, en política, en hacienda, Nuestro estado normal es la anarquía. «El genio por doquier se abre una senda». Asentada esta máxima, ¿qué importa Que ya ningún cristiano nos entienda? Así también la muchedumbre absorta Sus goces multiplica intelectuales Con tantas coplas como España aborta. Así quizá en los públicos corrales Involuntaria risa nos asedia Cuando ejecutan dramas sepulcrales, Y hoy que tanto se ríe en la tragedia No es maravilla si se queja alguno De que le hagan reír en la comedia. Mas dejando en su tema a cada uno, Hugos y Tasos, Góngoras y Ovidios, Decidme, y perdonad si os importuno; ¿Cuándo persas, ni sármatas, ni lidios Hilaron tanto y tan delgado en esto De acumular gabelas y subsidios? Ello es verdad que con amargo gesto Suspiran más de dos por un sistema Que a lo justo reduzca el presupuesto. Ello es verdad que rústico anatema Fulmina audaz contra el avaro fisco El pobre ganapán que caya o rema, Y cuando alza el orgullo un obelisco Exclama en su dolor: ¡yo lo he pagado Con la postrer oveja de mi aprisco! Mas ¿quién es un pechero mal criado Para meter impertinente el cuezo En el Sancta Sanctórum del Estado? Humille al suave yugo su pescuezo, Y al sueño lo atribuya buenamente Cuando el hambre le arranque algún bostezo. Pues ¡no faltaba más!; ¡que un insolente Su bienestar prefiera..., verbigracia, A las arduas cuestiones del Oriente! Harto tiene que hacer la diplomacia Si ha de avenir con el bajá del Nilo A un tal Abdul Mejid, sultán de Tracia. ¡Es grave la cuestión! Pende de un hilo Si ha de ser del vecino, o tuya, o mía La pesca del caimán y el cocodrilo. Arreglemos primero a la Turquía, No sea que del uno al otro polo Arda la guerra asoladora, impía. A bien que Metternich se pinta solo, Y Palmerston es hombre que lo entiende Para eso de enjergar un protocolo, Y después que conjuren aquel duende Y al bajá y al sultán protocolicen, Protocolizarán a los de aquende. ¡Oh! mármoles y bronces eternicen Al que inventó tan linda panacea, Aunque algunos ingratos la maldicen. Lo que antes en diez años de pelea, En un par de semanas hoy se ajusta Con polvos y papel, tinta y oblea. Otorga el flaco lo que al fuerte gusta; La guerra es ya de pura ceremonia, Y aunque truene el cañón nadie se asusta. Venga, dice el inglés, esa colonia, Y el prusiano y el ruso y el austríaco Se reparten el reino de Polonia. Si esto no agrada al infeliz polaco, ¡Paciencia! Era mal clima la Siberia: Mejor campa en el Vístula el cosaco. Así en el archipiélago se feria A Otón un cetro, y a Coburgo en Flandes; Así muere absoluto el rey de Iberia, Y en su cartera así los hombres grandes Del universo encierran el destino Desde el hercúleo mar hasta los Andes. Acaso algún espíritu mohíno Más daño que a la pólvora y al hierro Atribuya al papel y al pergamino. Si al fin, dirá, la albarda y el cencerro Ha de imponer al débil el potente, Si le han de dar al cabo pan de perro, Más vale pelear como valiente Y a lo menos salvar la negra honrilla, Como dijo aquel príncipe excelente. ¡Grosero error! Doblemos la rodilla, ¡Oh santo Protocolo, en tus altares. ¡Vítor!... Eres la octava maravilla. Y no porque a los bélicos azares Sucedan los primores de la pluma, Faltan héroes. Nos sobran a millares. De tal renombre la grandeza suma Apenas se otorgaba en otra era Al audaz vencedor de Moctezuma. Hoy lo arreglamos ya de otra manera; Proclamas y periódicos sin cuento Conceden ese título a cualquiera. ¿Y qué diré, oh Ventura; (que el momento Ya llegó de nombrar el ciudadano A quien mi carta dirigir intento) ¿Qué diré del prodigio sobrehumano De valer hoy millones los billetes Que ayer menospreció todo cristiano? Ve a la Bolsa y, sin miedo a los corchetes, Verás improvisar su bienandanza A quien sabe mover los cubiletes. ¡Doloso cebo al necio Sanchopanza A quien sepulta en súbito naufragio Viento falaz que le auguró bonanza! ¡Maldito sea, exclamarás, el agio, Peste de las modernas sociedades, Más fiera que el bubón en su contagio! ¡Dichosas las pretéritas edades Do fue desconocido! ¡A buen seguro Que lo sufrieran Jerjes ni Milciades! Mas ¿qué hicieras, replico, en el apuro De ser ministro, di, y en el erario No hallar para un remedio un peso duro? ¡Oh! No cabe sistema tributario Que iguale ni con mucho al arte eximia Que convierte el papel en numerario. ¿Y cómo reprobar la nueva alquimia Cuando con ella el alto financiero Si no salva al estado... lo vendimia? ¿Y qué importa que gima el pueblo entero Mientras jugando al alza y a la baja La bursátil legión nada en dinero! Que no a todos es dable la ventaja De comprar al futuro y al contado Sin un real en la bolsa ni en la caja. Al bolsista chambón, desventurado, Que, paga una primada en cada prima ¿Quién le manda meterse en tal fregado? Pero aunque esta verdad nos cause grima, El maldito interés es una plaga Que nunca el hombre se echará de encima. Yo mismo, mal coplero que, a la zaga Del Venusino que ilustraba al Lacio En dulce son que persuadiendo halaga; Yo que, imperito imitador reacio De Rioja insigne, cuya docta pluma Dio a la hispana región segundo Horacio, Oso epistolizar (¡audacia suma!) Y en vano forcejeo con la carga Que ya mis hombros frágiles abruma, Cuando escribo estos versos de botarga, Y con algo de miel los elaboro; Que a secas la verdad es muy amarga, No de gloria fugaz al almo coro Demando la merced: sólo me impulsa La golosina de la Rosa de oro: Y aunque peque mi sátira de insulsa, Me quedaré más frío que la nieve Si el adusto areópago me repulsa. Mas, por si tal ocurre, quiero en breve Dar a mi carta fin; que es ya prolija Y tal vez hoy se lean ocho o nueve. Así, aunque mucho queda en la valija, Adiós, Ventura amable; siempre tuyo, Como sabes... et caetera..., y concluyo Antes que el auditorio me lo exija. vapor buen tono!
hombre de estado.
con su sal y su pimienta.
ríe tragedia
Sancta Sanctórum
protocolo
Protocolo
Bolsa
financiero
alza baja
Rosa de oro:
et caetera