Spanish poem
Si Es Verdad, Mi Dulce Flérida
by Manuel Bretón de los Herreros
Si es verdad, mi dulce Flérida, Que tu corazón angélico Corresponde al fuego plácido Con que te amo hasta los tuétanos, Sube conmigo a la góndola Y caminito de Arévalo De Madrid salgamos prófugos: Que es pueblo dañino y pérfido. Rápidos como la pólvora Huyamos del vulgo tétrico De poetillas misántropos, Plañidores y epilépticos, Que, maldiciendo sacrílegos Del buen Horacio y su método, Llaman talento a la crápula Y creación al retruécano, E invocando al hondo Tártaro Con chirridos de murciélago, Fulminan rudas apóstrofes Contra el pobre humano género; Que apenas pasiega bárbara Los emancipa del cuévano, Pesa la vida en sus vértebras Como el Etna sobre Encélado. Huyamos del Judas íntimo Que al amigo franco y crédulo Prodiga falaces ósculos Y después le quita el crédito. No oigamos la necia cháchara De aquel orador acéfalo, Que presume de Demóstenes Y no sabe los pretéritos. Huyamos de esos apóstatas Que gritando a ignaro séquito: «¡Viva la patria y su código!...», La venden después a Wellington. Un ¡adiós!, y sea el último, A esa caterva de médicos Que si visitan diez prójimos Dan con los nueve en el féretro; Y al que la echó de demócrata, Y hoy con sus estafas, émulo De ricos-hombres y príncipes, Arrastra carrozas de ébano; ¡Y niega un pan a los míseros En cuyos hombros intrépidos Se alzó a grandeza ridícula muy superior a su mérito! ¡Fuego al proyectista trápala A quien das el oro inédito, Fiado en sus lindos cálculos Que pintan seguro el éxito!; Y luego figura pérdidas En la bolsa o en el piélago. Y sólo cobras en lágrimas El capital y los réditos. ¡Maldición al vil hipócrita Que bajo exterior ascético Cubre la avaricia escuálida Con que despoja a los huérfanos! No más Madrid; que su atmósfera Impregnan vapores fétidos, Y es laberinto de crímenes Más confuso que el de Dédalo. ¿Qué importa a placeres frívolos Renunciar? Sin tanto estrépito Podemos vivir más prósperos En cualquier parte...; en Cintruénigo. Bástanos cabaña rústica Bajo limpio sol benéfico Donde nuestro amor sin límites Nunca desmaye decrépito; Y bajo los verdes árboles Oler de la rosa el pétalo Y oír a la viuda tórtola Fiar sus quejas al Céfiro; O a la mariposa aligera Perseguir con vano anhélito De la clavellina al pámpano Y del tomillo al orégano; Y así en ventura recíproca, Sin enemigos malévolos, Con serenidad de espíritu Llegar de la vida al término.