Versos Spanish Mauricio Bacarisse El Príncipe Sainete

Spanish poem

El Príncipe Sainete

by (1895–1931)

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Es soberano de la alegría, de amores viejos, de galanía; tiene de diablos un zaguanete y cuando pasa cual leve brisa todos le obsequian con franca risa porque es el Príncipe Don Sainete.

Es una sombra que nos recuerda galante vida que no fue cuerda y que evocamos las almas solas en abanicos de pastorelas, en los retratos de las abuelas y en las figuras de las consolas.

En borbotones de risa fresca viste su grácil Musa diablesca con la mantilla, con los caireles y con la falda de medio paso, y ambos le ponen a su Pegaso una collera de cascabeles.

Es el que rinde marquesas locas; muerde las fresas de bellas bocas de las devotas de las Salesas; todas le quieren, todas le admiran y sonrientes todas le miran desde los tronos de sus calesas.

Es Don Sainete prócer burlesco y aunque muy noble, muy picaresco. Desprecia el tedio, reta a la Muerte; en su manteo siempre embozado, Goya sublime le ha retratado entre las sombras de un aguafuerte.

Cosas vulgares, cosas grotescas, muecas estultas y pierrotescas, que son las flores de tu tablado... Con tus escenas hemos reído; lo que tú dices lo hemos vivido; lo que tú lloras lo hemos llorado.

Tu egregio padre fue Don Ramón de la Cruz, genio que en su canción puso desgaires y desparpajos, y en sus escenas, sin par galanas, cantó los ojos de las villanas y las hazañas de nuestros majos.

Tu carcajada bella y jocunda todo lo invade, todo lo inunda; la vida seria te importa un bledo. Tú siempre hieres, siempre desgarras; has heredado las antiparras que hace tres siglos usó Quevedo.

Tu agudo ingenio la vida traza de nuestra sangre, de nuestra raza, de nuestra pobre gloria perdida; es el talento que se interesa en el desnudo de una duquesa como en los frescos de la Florida.

Eres la España frívola y loca que con piropos siempre en la boca -pero sin ansias de Prometeo- iba a la zaga de las manolas mientras volaban las Carmañolas del otro lado del Pirineo.

Y con los jácaros, con los chisperos tomaste todos los derroteros en que dejamos nuestros tesoros; mas conservando grata alegría, siempre gozaba y en Dios creía el feliz pueblo de pan y toros.

Y era aquel pueblo rudo y valiente; eran leones de ardor latente aunque fingían galán desmayo; resucitaron glorias guerreras y se batieron como unas fieras en la jornada del Dos de Mayo... Cosas vulgares, cosas grotescas, muecas estultas y pierrotescas que son la flores de tu tablado... Con tus escenas hemos reído; lo que tú dices lo hemos vivido; lo que tú lloras lo hemos llorado.

Las existencias ya desfloradas mueven a llanto o a risotadas; a nuestra pobre gloria perdida la mordaz burla siempre acomete. Más que tragedia siempre es sainete ese sainete de nuestra vida.