Spanish poem
La cojita de las injurias
by Mauricio Bacarisse (1895–1931)
El mediodía en la barriada pobre prendía lentejuelas al andrajo y, a toda luz, era color de cobre el Madrid de la greña y del zancajo.
De cúpulas de iglesia realzada la ciudad en sus perfiles recortados parecía una hembra calcinada que enseñase los senos abrasados.
¡Incandescencia de fulgores duros! El astro en sus lumínicas lujurias arrancaba luceros de los muros en el hoyo que forman Las Injurias.
El tinte rubio de la purpurina embadurnaba las casuchas hoscas, y el parpadeo de la venturina se destacaba en las paredes toscas.
Por una cuesta pina y pedregosa una chiquilla coja y despeinada bajaba como una grulla temblorosa. En su muleta corta iba apoyada
como un náufrago a un remo redentor. La pierna ausente parodiaba el palo. (Para los que claudican con rencor la vida es un sendero áspero y malo.)
Con un melindre de caricatura, excitando el sollozo o el ludibrio, bajaba aquella pobre criatura haciendo maravillas de equilibrio.
Un gozquejo sarnoso la seguía importunando su marcha acrobática; temerosa la niña se evadía con precisión perfecta y matemática.
Se deslizó por la pendiente gualda igual que un saltamontes malherido. El perro inmundo se enganchó a su falda mordisqueando un volante descosido.
Y la mofa del can, triste e inicua, hacía a la infeliz tambalearse. Sobre los guijos de la cuesta oblicua creí que la cojita iba a estrellarse.
Por fin llegó al final de la barranca, a un africano aduar sucio e infecto donde el proscrito duerme y se esparranca con el dolor, el hambre y el insecto.
La cojera infantil era simbólica en el barrio canalla y condenado donde la carne enferma y melancólica se revolcaba al sol rudo y dorado.
Cual la niña alegórica y tullida, en las ocres viviendas requemadas hay gentes que renquean por la Vida bajo los mimos de sus dentelladas.