Versos Spanish Miguel Antonio Caro Sánchez Hora Iv

Spanish poem

Hora Iv

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He vuelto solo al césped del collado Do tú, Rogerio amigo, Cuando la tarde halaga al mustio prado, Ibas siempre conmigo. ¿Recuerdas? florecillas ignoradas Buscabas en la hierba Que, secas hojas hoy, pero sagradas, Vivo el amor conserva. Yo te hablaba ¿quién va a acordarse ahora? Siempre a ti el alma mía, Lo mismo a mí la tuya, soñadora, Su panorama abria. Serio haciéndosevami pensamiento, Pues como tú te fuiste, Aunque todo está igual, no sé qué siento Queestá todo tan triste. El mismo cielo azul, la torre oscura Miro, la fuente misma; Mas tu ausencia el paisaje desfigura Empañándome el prisma. Y a veces me pregunto en el sendero, O allá, meditabundo: ¿Por qué esta amarga soledad prefiero A los gozos del mundo? ¿Será que el hombre, digo, desterrado Lleva un impulso dentro Que le estimula a repasar lo andado Y a volver siempre a un centro? Aspiración a eternidad es este Poder que nos sujeta; Preludio santo, inspiración celeste Que modula el poeta.

Mas, ¿qué cosa inmortal ve la mirada? Solo parece eterno Este secreto abismo, o muerte, o nada Lo llamemos, o infierno: Este ser que invisible nos devora; Que universal tributo Cobra, y la flor respeta o la mejora Para llevarse el fruto! A. veces me parece la Natura Tan llena de riquezas Con esa rozagante vestidura, Y con tantas bellezas, Cual fuente de jardín: artificiales Fascinan el sentido Sus cristalinos arcos, siempre iguales, Con perenne rüido: Todo es animación; mas si los ojos A examinarla fueren, Verán que es vida a fuerza de despojos ¡Son mil gotas que mueren! No bien el ser sus formas consolida, De sí efímero dueño, Átale sordo vértigo, y su vida Se evapora en un sueño. ¡Naufragio universal! Cuando ese abismo Calo en la mente y sondo Vuelvo aterrado; a todo ser lo mismo Traga, y no tiene fondo. Corre la humanidad por mil senderos Al ciego remolino Allá mis padres van, mis compañeros; Yo con ellos camino. Y tú también: tu juvenil historia Que de amor se atavía, Mañana yacerá, desecha gloria, Bajo la tumba fría. Tantos gajes de amor correspondidos Y lágrimas preciosas; Y aquellas esperanzas y gemidos, Y tantas, tantas cosas, Serán cenizas. Duéleme su estrago; Y el deseo que siente Quien ve a un hijo morir, de ser un mago, O genio omnipotente, Por ti lo siento: milagrosas ramas Quisiera entretejerte Y oculto a par de la que tanto amas, Hurtarte allí a la muerte. "Yo también en Arcadia soy nacido", Y puedo con mi lira Tu nombre redimir a ingrato olvido; Pero no a ti a la pira. Podemos eso, eternizar un nombre, ¡Salvar una mortaja! No disputamos a la muerte el hombre Que ella encerró en su caja. ¡Eternizar un nombre, honor mezquino! ¡Y dice el mundo luego Que el lauro del poeta es don divino Y su alma sacro fuego! ¡Naufragio universal! Tambien nosotros Que eterna nombradía Dispensamos, morimos cual los otros Cuando nos llega el día. De la propia existencia a nuestra mente ¿Qué deja lo pasado? Recuerdos, un despojo deficiente Un busto inanimado. Vuelve a mirar a tus antiguos días; ¿Qué ves? Allá el abrigo De tu infancia y sus frescas alegrías Tus padres y un amigo. La escena va ensanchándose adelante: Campos, ciudades, puertos... ¡Mírate! ¡no te ves muerto viandante En un mundo de muertos!

Con este doloroso sentimiento Ayer, muriendo el día, Tornaba a mi mansión: el manso viento En los sauces gemía. Y una mística voz a su manera Habló en secreto a el alma; Voz que animando la piedad primera, Me devolvió la calma. Y te olvidas de mí (la voz decía) Tú que antes en mi seno Reclinabas con grata simpatía Tu semblante sereno? "El maléfico ser que ves al lado, Que todo lo devora, Es la muerte del alma, del pecado Anciana servidora. "Y la que desesperas en tu duelo De hallar, dichosa suerte, Es la vida beatífica del cielo; Yo, que vencí a la muerte! Envenenose el hombre de obcecado; Dios al culpable hijo Miró piadoso en su infelice estado, Y, salvarele, dijo. "Yo a salvarle bajé; mi amor le llama; Rebelde, se suicida; El que a mi voz responde, el que me ama Vivirá eterna vida. "Mi amor viene a buscarte; de mis brazos El orgullo te aleja Vuelve a anudar los redentores lazos; Ama, y recelos deja". Pensé en mi infancia en dulce arrobamiento, Y lloré mi extravío; Y luego a ti volvió mi pensamiento, Rogerio, amigo mío. Mis lágrimas enviarte deseara Con su muda elocuencia; Y la no articulada, pero clara Voz que oí en mi conciencia. Ya libertarte del naufragio espero, No en culta poesía, Mas de mi fe lanzándote el madero: ¡Cree! ¡Ama! ¡Confía! Al que a esa tabla náufrago se acoge, Quien a la muerte dura Venció en la cruz, acude y le recoge Con paternal ternura. Tantos gajes de amor correspondidos Y lágrimas preciosas; Y aquellas esperanzas y gemidos, Y tantas, tantas cosas, Asócialas con vínculo süave A más alto destino; ¡Sálvate con tus glorias en la nave Que a rescatarnos vino!