Spanish poem
Grato Es Mirar Desde Segura Playa
by Miguel Antonio Caro Sánchez
Grato es mirar desde segura playa Cuando levanta el piélago las olas, De los que bogan el afán prolijo; No porque puedan los ajenos males Sernos placer, mas porque al fin en ellos Que de ellos carecemos contemplamos. Grato también, si exentos de peligro, Las haces observar que la campaña Tendida ocupan y combate empeñan. Nada es empero al corazón tan dulce Como habitar el elevado, inmoble Templo que fabricó Sabiduría, Desde el cual a los hombres por la baja Tierra es dado mirar vagar perdidos Miles caminos al vivir buscando; Ora en ingenio compitiendo, y ora En nobleza de estirpe: sin reposo Cómo los días y las noches pasan, y cómo todos levantarse ansían, Poder, riqueza arrebatar y honores. ¡Cuántas sombras y afán! ¡Qué mal se vive! ¡Cuán mísera es de suyo aquesta vida! ¡Oh de los hombres pensamientos vanos! ¡Oh viejos corazones que no alcanzan A comprender lo que Natura exige: La paz del alma y la salud del cuerpo! Por lo que al cuerpo mira, se requiere Poco, a mi juicio; adquirirás con poco Delicias muchas: ni Natura a veces Indica lo mejor. No si de estatuas De oro que niños semejando, tengan Fúlgidas hachas en la diestra inmóvil El nocturno festín iluminando Llenaras tu mansión: no si artesones Hubieras de marfil y de süaves Cítaras por las bóvedas contino Retumbara el concierto armonioso, Así fueras feliz, cual si a la sombra De árbol parrado sobre verde grama Te reclinares entre amigas gentes, Do al son de despeñados arroyuelos Las horas pases de sereno día, Muy más cuando la dulce primavera Placeres siembra derramando flores. Ni, aquejado de fiebre devorante, Más pronto sanarás si entre purpúreas Vestes yacieres que si en pobre lecho. Si oro, gloria, nobleza, poderío Al cuerpo son inútiles, el alma Aun menos de ellos se aprovecha ...salvo Que el ver en la llanura tus legiones Llenas de ardor, o por la mar ondosa Tus naves ir y simular batalla, La imagen de la muerte y del averno Disipe de tu pecho y tu conciencia Tranquila deje y de temor segura. Pero si en eso en realidad hallamos Vanidad y miseria; si la cuita Veladora, del bélico tumulto Ni de las armas huye ni respeta La púrpura y el oro, mas osada Entre los reyes y caudillos mora, Hasme de confesar que entre los hombres El mal abunda porque juicio falta. Bien cual infantes que de noche tiemblan De todo sin motivo, así nosotros En medio de la luz, y por ventura Más ridículas son nuestras ficciones Que las que ellos se forjan. No los rayos Menester hemos de fulgente día Sino los de Razón y de Natura, Única luz para tinieblas tales: ¡Oh, brillen luego y el error disipen!