Spanish poem
Introducción A Una Colección De Traducciones Del Antiguo Testamento
by Miguel Antonio Caro Sánchez
Confitebor tibi in cithara, DeusDeus meus.
En la alegre mañana de mis días, Cuando se goza en dulces melodías El corazón con inocente fe; Como oyese la voz de los poetas Del Íliso y del Tibre, en las inquietas Cuerdas de mi laúd los imité. ¡Marón divino! al eco de tu canto, Yo revelaba el armonioso encanto, La dulce luz de la dorada edad; Campos amenos de gayadas flores, Pláticas inocentes de pastores, Ecos y sombras, grata soledad. Las leves flautas y el cantar ligero Troqué después por el clarín guerrero, Y seguí por doquiera a tu adalid: Del mar airado a las tremendas olas, Y a las del Orco, pálidas y solas; Al blando sueño y a la ardiente lid. Con él narré en la cuna de Cartago La última noche y funeral estrago De las cansadas torres de Ilïon; Y de futuras eras y países Hice el destino revelar a Anquises Del Elíseo en la plácida región. También la voz del venusino vate Probé a imitar; ya en bárbaro combate A los Claudios coroné de laurel; Ya, partiendo Virgilio, a Citerea Pida en el puerto que propicia sea Al coronado, alígero bajel. Así pasaban mis risueños días; Mas disiparse vi sus armonías, Ni sosegaba en mis pesares yo, Cuando el tiempo llegó de los gemidos, Y a derribar de la virtud los nidos La discordia sus iras desató. Yo vi los campos de la patria cara Rojos de sangre, destrozada el ara, Y en tinieblas el santo panteón; Y a mis amigos vi de sus hogares Allá lanzados de los altos mares, Cual las hojas que barre el aquilón. ¡Oh amigos! si por fin el peregrino Pie fijasteis, del polvo del camino Vuestras sandalias sacudid allí; Mas si a vosotros arribare un día Mi humilde ofrenda, de la lira mía ¡Amad las notas, y pensad en mí! ¿Ni a quién ya placería en mis canciones? ¿Ni cuáles ya benignos corazones Hallaré sobre la haz de mi nación? Separad la avecilla de su coro; Su mismo bosque le será inodoro, Y moverá en su bosque a compasión. ¡Pero mirad las aves viajadoras! Con tristes o con plácidas auroras, Con aura blanda o rápido huracán, Al amparo de Dios, nuevas riberas Visitan, y del mar las ondas fieras, ¡Y dulce patria encuentran por do van!... Ahí solo alivia mi dolor, de hinojos Ante el libro sagrado, de los ojos Dulce llanto en sus páginas verter, Y alzarlos luego de esperanza llenos A los azules ámbitos serenos, Himnos cantando al Infinito Ser. Al que del mar el majestoso acento Oye, y la voz que la avecilla al viento Suelta, hospedada so el pajizo alar; Al que mira con rostro complacido Perfumes que a sus pies, arrepentido El pecador se postra a derramar. Bien que si osado antiguas profecías A mi cítara ajusto, del Mesías No en mis versos la voz profanaré. Yo enmudezco a su voz, sobre mi frente Derribado: la orla solamente Del vestido santísimo toqué. ¡Bienhadado el varón que de contino Del Salvador anduvo en el camino Pronunciando palabras de verdad! ¡Que no verá su juventud pasada De fantásticos sueños habitada, Sino cual mies de fértil heredad!... "¡Oh Virgen santa, del mortal abrigo! En tu pueblo, que aflige el enemigo, Yo velaré, gimiendo sin cesar. ¡Así dilates mis obscuros días Hasta ver entre santas alegrías Reedificarse el abatido altar! Heme en fin a la sombra deseada, Yo me diré, y en la marmórea grada Derramaré mis cánticos de amor. ¡Allí consumiré la vida mía, Y hasta el postrer aliento y agonía, Confesaré en mi lira a mi Señor!