Spanish poem
La Eneida. Libro Iv
by Miguel Antonio Caro Sánchez
Herida en breve de dolencia aciaga, Pábulo da la Reina en cada hora Al placer mismo de enconar la llaga, Y de fuego secreto se devora: Del héroe, su valor, su alcurnia, halaga El pensamiento, y de su voz sonora El eco y de su faz guarda el trasunto; Y tregua el vivo afan no sufre un punto.
Húmida el alba sonrió, y el dia Con luz roja entre nieblas despuntaba, Cuando á su amante hermana el paso guia Dido, y con ella así coloquio traba: «¿Qué sueño tentador, querida mia, El sueño fué que de agitarme acaba? Mas este huésped que tenemos, díme, ¿Cuál corazon habrá que no le estime?
»¿Qué brío á su alma y brazo no acompaña? ¡Cuál se pinta en su frente su destino! Yo, si mis ojos la ilusion no engaña, Que desciende de Dioses adivino; Pues torpe miedo que el semblante empaña, Siempre delata al corazon mezquino; Y él, tras tanto conflicto y prueba tanta, ¡Qué de combates concluidos canta!
»Eterno, irrevocable es mi desvío De un nuevo enlace al criminal deseo; Que mi esperanza en flor y el amor mio Yacen con las cenizas de Siqueo. Mas si á mis ojos sin fulgor sombrío Pudiese arder la antorcha de Himeneo, Vólo dé este héroe la gentil presencia Capaz fuera á vencer mi resistencia.
»Confesártelo quiero: desde el dia Que el doméstico altar fué enrojecido Por la venganza del hermano impía Con la inocente sangre del marido, Sólo aqueste extranjero á simpatía Halogrado moverme, y su latido Volver al corazón, que ya se inflama; El calor siento de la extinta llama.
»Mas hiéndase y sepúlteme en su seno La tierra; el padre del Olimpo santo Me precipite al retumbar del trueno En la mansion de noche eterna y llanto, Si es ¡oh pudor! que mi deber no lleno, Si tu sagrado código quebranto. Pues de todo mi amor hice á él promesa, Amar debo su sombra, honrar su huesa!»