Spanish poem
En El Desierto
¡Casto amor de la vida solitaria, rebusca encarnizada del misterio, sumersión en la fuente de la vida, recio consuelo! Apartaos de mí, pobres hermanos, dejadme en el camino del desierto, dejadme a solas con mi propio sino, sin compañero. Quiero ir allí, a perderme en sus arenas solo con Dios, sin casa y sin sendero, sin árboles, ni flores, ni vivientes, los dos señeros. En la tierra yo solo, solitario, Dios solo y solitario allá en el cielo, y entre los dos la inmensidad desnuda su alma tendiendo. Le hablo allí sin testigos maliciosos, a voz herida le hablo y en secreto, y Él en secreto me oye y mis gemidos guarda en su pecho. Me besa Dios con su infinita boca, con su boca de amor, que es toda fuego, en la boca me besa y me la enciende toda en anhelo. Y enardecido así me vuelvo a tierra, me pongo con mis manos en el suelo a escarbar las arenas abrasadas, sangran los dedos, saltan las uñas, zarpas de codicia, baña el sudor mis castigados miembros, en las venas la sangre se me yelda 1, sed de agua siento; de agua de Dios que el arenal esconde de agua de Dios que duerme en el desierto, de agua que corre refrescante y clara bajo aquel suelo; del agua oculta que la adusta arena con amor guarda en el estéril seno, de agua que aun lejos de la lumbre vive llena de cielo. Y cuando un sorbo, manantial de vida, me ha revivido el corazón y el seso, alzo mi frente a Dios y de mis ojos en curso lento al arenal dos lágrimas resbalan, que se las traga en el estéril seno, y allí a juntarse con las aguas puras, llevan mi anhelo. Quedad vosotros en las mansas tierras que las aguas reciben desde el cielo, que mientras llueve, Dios su rostro en nubes vela severo. Quedaos en los campos regalados de árboles, flores, pájaros... os dejo todo el regalo en que vivís hundidos y de Dios ciegos. Dejadme solo y solitario, a solas con mi Dios solitario, en el desierto; me buscaré en sus aguas soterrañas recio corsuelo.