Versos Spanish Miguel de Unamuno Mansos, Suaves Ojos Míos

Spanish poem

Mansos, Suaves Ojos Míos

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Mansos, suaves ojos míos, tersos ríos rebosantes de quietud; a beber vuestra mirada sosegada llega mi alma a plenitud. Sois, mis ojos, viva fuente sonriente de que fluye vivo amor; al tomar vuestra luz pura es dulzura cuanto amáis en derredor. Me miráis, ojos de mi alma, con la calma con que mira el cielo al mar, con bendita paz serena toda llena de la dicha de esperar. En vosotros se depura toda horrura que prenda en mi corazón, en vosotros se serena mi honda pena y vuelvo a resignación. ¡Oh mis dulces dos luceros, manaderos de la luz que a Dios pedí, Dios por vosotros me mira y respira por vosotros Dios en mí! Cuando mi alma va perdida, sin salida, del mundo en la confusión, al miraros en los míos me da bríos vuestra dulce y casta unción. Cuando llegue a mí la Muerte, ¡trance fuerte!, y apague mi loco afán, a la luz de esas pupilas tan tranquilas mis congojas dormirán. Y al sonarme la partida, tan temida, el Ángel de Libertad, tomaré en vosotros puerto, siempre abierto, al mar de la eternidad. Brizará aquel recio día mi agonía de tu mirada el cantar, llevándome silencioso al reposo del sueño sin despertar. Se hundirán mis pobres ojos, luego flojos, en los tuyos al morir, y de allí alzarán su vuelo hacia el cielo en que a muerte va el sentir. Y en los ojos del Eterno, Padre tierno, de vuelta al eterno hogar, gota de lluvia en océano soberano, se habrá mi alma de anegar. ¡Oh, mis ojos, sólo quiero, sólo espero que al volar de esta prisión me guiéis hasta perderme donde duerme para siempre el corazón! Y si a ti, mi compañera, te cumpliera de este mundo antes partir, la luz toda de mis ojos, luego rojos, con los tuyos se ha de ir. Llevarás a la otra vida derretida de mis entrañas la flor, y de Dios al seno amigo va contigo de tu amor preso mi amor. Y en la noche de este mundo, errabundo veré tus ojos brillar cual luceros de esperanza, de que alcanza libertad quien sabe amar. ¡Oh, mis ojos, sólo quiero, sólo espero que al volar de esta prisión me llevéis hasta perderme donde duerme para siempre el corazón! ¡Oh, mis dulces dos luceros, mis veneros de la paz que a Dios pedí, Dios por vosotros me mire y respire por vosotros Dios en mí!