Versos Spanish Miguel de Unamuno Reflexiones Al Tener Que Dejar Un Lugar De Retiro

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Reflexiones Al Tener Que Dejar Un Lugar De Retiro

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Sermoni propriora.

¡Nuestro lindo cortijo era muy bajo! Subía hasta alcanzar a la ventana la rosa más talluda. A media noche podíamos oír en el silencio y a la tarde, y al alba, en tono lánguido el murmullo del mar. Al aire libre nuestros mirtos abiertos florecían; los jazmines espesos se abrazaban a lo largo del porche, y el paisaje verde y tupido refrescaba al ojo. ¡Era un rincón que merecía el nombre de valle del Retiro! En él vi un día (santificando en calma su domingo) que divagaba un rico comerciante ciudadano de Bristowa; fingime que la sed de oro inútil le calmaba con más cuerdo sentir, porque parose a mirar registrando todo en torno con tristor placentero, y su mirada fijose en el cortijo, y que de nuevo volvía a registrarlo y sollozaba diciendo que era aquel lugar bendito; y benditos quedamos. Con frecuencia con oído paciente atento escucho de la invisible alondra la alta nota (invisible, o tan sólo en un momento feliz viendo brillar al sol sus alas) y «tal» —digo yo entonces— «es el canto que brota de la dicha sin estorbo... ¡no terrenal concierto! sólo oído cuando a escuchar el alma se apercibe, cuando todo se calla, y en nosotros atiende el corazón!» Pero, ¡ay qué día el que subí desde el profundo valle al pedregoso cerro, con peligro trepando hasta alcanzar el alta cima!; ¡cuán divina la escena! Allí desnuda de la montaña la imponente mole moteada acá y allá con las ovejas, las pardas nubes derramando sombra en los campos de sol, en las riberas, ya resguardadas por tupidas rocas, ya que brillantes se entrelazan plenas con las desnudas márgenes; ¡cañadas, las praderas, el bosque y la abadía y granjas de labor y lugarejos y la indecisa aguja de la iglesia! Aquí el Canal, las islas, blancas velas, negras costas, colinas que semejan ser de nube, océano sin orillas, ¡la onmipresencia en torno! ¡Dios parece que aquí se ha alzado un templo; el mundo entero de su vasta extensión en el contorno parecíame imagen en pintura! Ningún deseo al corazón henchido me profanaba impuro. ¡Hora bendita! ¡era entonces un lujo la existencia! ¡Quieto cortijo! ¡reposado valle! ¡monte sublime! ¡ay, me fue preciso abandonaros! ¿Era acaso justo que mientras sangran y trabajan lejos innúmeros hermanos, yo soñara dejando trascurrir prestadas horas sobre lechos de pétalos de rosa, el corazón cobarde adormecido con sentimientos de molicie inútil? La lágrima caída de los ojos de algún Howard, quedando en la mejilla de aquel a quien levanta de la tierra, dulce lágrima es; mas quien con rostro impasible, algún bien me concediese no más que a medias su servicio cumple, porque él mientras me ayuda así me hiela, ¡mi bienhechor, de cierto, no mi hermano! Alas aún tan frío hacer el bien merece mis alabanzas, cada vez que pienso en la legión de aquellos que se fingen de haragana Piedad fácil imagen; que suspiran pensando en la miseria pero evitan tocar al miserable, en deliciosa soledad nutriendo su delicada compasión, ¡y en ella alimentando al perezoso amor! Me marcho, pues; voy a juntar en uno el corazón, la mano y la cabeza, me marcho activo y firme a la pelea, a combatir en el combate incruento de libertad, ¡verdad y ciencia en Cristo! ¡Mas cuántas veces tras la honrosa brega, cuando repose a descansar mi espíritu y a soñar en amores que despiertan, caro cortijo, a visitarte vaya! Tu jazmín y la rosa que asomaba en su tallo subiendo a la ventana, los mirtos que sin miedo se mecían en la brisa del mar tibia y serena... suspiraré deseos, mansión dulce, ¡mejor que tú que no la tenga nadie, y que una como tú pocos posean!