Spanish poem
Vino
La viga maestra del dolor macizo a que la piedra del remordimiento, por el rodezno de la culpa obrando, sobre tu corazón su pesadumbre cargó, y enderezaron como vírgenes las tristes manos pecadoras de Eva, sobre el lagar divino de tu pecho pisó el licor que nuestras penas lava. Triste es el vino en el desierto, en donde no hay agua, madre de verdor riente; triste el vino cual sangre y triste tu alma, Mateo XXVI, 38. Jesús, hasta la muerte. Mas tu jugo, mientras no entremos al divino océano sin haz ni fondo y sin orillas, abra de nuestros ríos todos peregrinos, sostén de esta jornada dolorosa por el desierto de la vida humana, es tu vino, Señor, tu propia sangre, tu vino triste del dolor, el vino de la vid de que somos los sarmientos. Juan XV, 5. Triste es el vino, sí; mas nos embriaga y nos trae la ilusión con el olvido. ¡Oh embriaguez de la sangre redentora, del vino del desierto falto de agua; locura de la cruz, dolor sabroso, despego de la vida, tú nos borras el dejo de vinagre que en la esponja de su vano consuelo nos da el mundo! Y hay en el vino de tu sangre, ¡oh Cristo!, agua también, de cumbre y sin mancilla, licor de vida que la sed apaga para siempre jamás a quien lo bebe y vuélvese en su dentro manadero Juan IV, 14. que le da un sempiterno reviver.