Spanish poem
Canto a Honorato Vázquez
by Miguel Moreno Ordóñez (1851–1910)
¡Qué de cantos se principian para no ser terminados, porque se entristece el alma y el corazón desmayado las alas pliega, cual madre que agotó todo su llanto! Tú lo entiendes, lo has sentido, y dices muy bien, hermano: «Son como telas de araña esos inconclusos cantos».
He visto a ese insecto humilde comenzar con entusiasmo la red que darle podría el sustento y el descanso, y he visto luego a una mosca venir y pasar volando, y echar por tierra a la obrera con su esperanza y trabajo. Así nacen y así mueren los pobres cantos de un bardo... También una tela urdimos con nuestros sueños dorados, y en largas horas de insomnio pasa la mente escuchando los ritmos y las cadencias de un canto, ¡qué hermoso canto! Pero viene la alborada, y anhelosos despertamos, ansiando vuelvan los sones de ese cántico soñado...
Repite, ¡oh, ardiente musa!, los sublimes arrebatos y las pausas deliciosas y los sollozos ahogados... y por la cláusula ardiente del idioma soberano, sepa el mundo lo que sueño, sepa el mundo lo que canto...
Y ¡nada!, nada, ¡Dios mío!, tan sólo silencio amargo del corazón casi muerto en el lúgubre santuario. Y, como moscas errantes, llegan fúnebres zumbando algunos recuerdos tristes que revuelan solitarios al rededor del cadáver de algún amor olvidado... Ya de una esperanza muerta se ve el sepulcro lejano; ya los restos de un afecto que en la alma se están velando... ¡Ay! El corazón entonces, lo sabes muy bien, hermano, ¡cuánta sangre en vano vierte, cuánto lucha, gime cuánto! Y ¿al fin?... Al fin sólo queda, en medio de un fondo blanco, algún título pomposo, renglones medio borrados, caminos por donde ha ido el corazón como a saltos, quizá una lágrima tierna, gota de hiel o de bálsamo con que piadosos ungimos las cenizas del pasado... ¡Se descubre en esas líneas una herida que hace años se cerró, y a cuya vista huye el alma con espanto! ¡Se escucha el eco perdido de un tiempo hermoso y lejano, se escucha ardiente reproche a un ser que está perdonado! ¡Fugaces telas de araña, pobres cantos, tristes cantos, tesoro que los poetas tienen en su alma guardado; niños que en el vientre mueren de sus madres; cuánto, cuánto de dolor traen al pecho y a los ojos lloro amargo!... Esos cantos de otro tiempo acaba, dices.
¡Hermano, pide también que a la vida vuelvan los sueños pasados; que se recoja de nuevo todo el llanto derramado, que se fundan, que se junten del corazón los pedazos!...