Versos Spanish Miguel Riofrío Mi asilo

Spanish poem

Mi asilo

by (1822–1879)

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En mi memoria estás mansión querida, con signos indelebles señalada, tú que alargas las horas de una vida al rigor de un suplicio destinada.

Mientras furioso a la venganza aspira el déspota en frenético ardimiento, dulcemente mi pecho aquí respira tu ambiente puro, de cuidado exento.

Me detienes seguro meditando desde el tranquilo y sosegado encierro, en esas que me están hoy aguardando rudas cadenas de pesado hierro:

en el arma homicida que el sicario al preparar se inmuta y amancilla, y en las luces de aspecto funerario que pálidas alumbran la capilla...

Se grita allá que la inocencia muera, y aquí se alarga la inocente vida... ¡Ah! ¿quién un holocausto no ofreciera a esta mansión del cielo bendecida?

Mas ¿qué puede a su albergue hospitalario hoy ofrecer el trovador proscrito, sino un mísero canto solitario que firme quede en la memoria escrito?

Vencida por humanos extravíos, huyó la libertad del patrio suelo, pero su influencia en los recuerdos míos le da a mi asilo espiritual consuelo.

Si fuera permitido a mis cantares alzarse, como el humo del incienso, cruzando la extensión de abiertos mares, así dijera en horizonte inmenso:

Aquí te extiendas, libertad sublime, ostentando tu esencia ilimitada; más benéfica allá ¿no fuiste, dime, donde animabas mi feliz morada?

Al contemplar aquí tu poderío confundida la mente se extasía; dada en gotas allá, como el rocío, sediento el corazón de ti bebía.

Aquí estás estupenda, allá, piadosa, de vencedor y mártir una palma le diste al trovador: ora ruidosa, ora en silencio fecundaste su alma.

Ruidosa en esas músicas festivas con que un pueblo feliz te saludaba, entre algazaras y solemnes vivas, que el aire a lo alto con placer llevaba.

Sigilosa después, tras denso velo, en silencio alargaste amiga mano y un asilo le diste por consuelo, al que de muerte persiguió el tirano.

En este asilo el libre pensamiento en vez de desmayar se enorgullece, pues si su pluma le arrancó el tormento, la corona de mártir le enaltece.

Y luego, en variedad, objetos tantos de un efluvio vital siempre halagüeño, en la vigilia dan dulces encantos que reproduce el apacible sueño.

La luz primera que por limpia gasa o por alta vidriera cristalina, lánguida y suave a iluminarme pasa es mi dulce visita matutina.

Ángeles de piedad están guardando la inútil vida de infeliz proscrito, del verdugo que está siempre acechando con siniestra avidez, como a un precito.

En vez de los escarnios y baldones que del cautivo agravan la amargura, escucho ya las mágicas canciones que exhala el pecho de una virgen pura.

Y es el aura sutil de esos acentos manantial de fecunda inspiración, pues engendra sublimes sentimientos agitando el latir del corazón.

Cuando el silencio sigue a la armonía del inocente canto virginal, viene, como en atmósfera sombría, de la patria el recuerdo funeral.

¡Ay! entonces sus trovas de amargura con plañidos exhala mi laúd, cual si viera una joven hermosura opresa en la estrechez de un ataúd.

Mas tiene la vital melancolía espacios sin confín que recorrer, ellos muestran fugaz la tiranía y el hoy campante destructor poder.

Por próximas regiones se encamina, cual la modesta luz del arrebol, esa de libertad llama divina hacia este suelo que fecunda el sol.

Entre tanto ¡oh albergue! la vida del proscrito fluctuante sostén, no consientas que vague perdida de las olas del mundo al vaivén.

Vuelva, virgen, tu acento divino su balsámico influjo a verter en el mártir que tienes vecino procurando su plectro mover.

¡Oh cuán grata en el alma resuena! ¡Cuánto se ama esta vida fugaz, cuando exhalas tu voz de sirena de melódica cuerda al compás!

¡Todo entonces, grandioso, esplendente, nos revela un divino poder, y el poeta, inclinando la frente, ama a Dios, la creación, la mujer!