Spanish poem
Santos Vega
by Bartolomé Mitre (1821–1906)
Santos Vega, tus cantares No te dieron fama y gloria, Mas viven en la memoria De la turba popular; Y sin tinta ni papel Que los salve del olvido De padre á hijo han venido Por la tradicion oral.
Bardo inculto de la pampa, Como el pájaro canoro Tu canto rudo y sonoro Diste á la brisa fugaz; Y tus cantos se repiten En el bosque y en el llano, Por el gaucho Americano, Por el indio montaráz.
¿Qué te importa si en el mundo Tu fama no se pregona? Tú ya tienes la corona Del poeta popular. Y es mas bello, que en el bronce, En el mármol ó granito, Haber sus obras escrito En la memoria tenaz.
¡Qué te importa! si has vivido Cantando cual la cigarra, Al son de humilde guitarra Bajo el ombú colosal! Si tus ojos se han nublado Entre mil aclamaciones, Si tus cielos y canciones En el pueblo vivirán!
Cantando de pago en pago, Y venciendo payadores, Entre todos los cantores Fuiste aclamado el mejor; Pero al fin caiste vencido En un duelo de armonías, Despues de payar dos dias; Y moriste de dolor.
Como el antiguo guerrero Caído sobre su escudo, Sobre tu instrumento mudo Entregaste tu alma á Dios; Y es fama, que al mismo tiempo Que tu vida se apagaba, La bordona reventaba Produciendo triste son.
No te hicieron tus paisanos Un entierro magestuoso, Ni sepulcro esplendoroso Tu cadáver recibió; Pero un Pago te condujo A la tumba silenciosa, Y lloraron en tu fosa Niños y hombres con dolor.
Y los gauchos al volverse A llorar entre sus ranchos, Espantaron los caranchos Que llegaban á escarbar: Y se apearon del caballo, Y con ademan contrito, Rezó cada uno el bendito Y volvieron á montar.
De noche bajo de un árbol Dicen que brilla una bela, Y es tu ánima que vela, Santos Vega el Payador! ¡Ah! levanta de la tumba! Muestra tu tostada frente, Canta un cielo derrepente O una décima de amor!
Cuando á lo lejos divisan Tu sepulcro triste y frio, Oyen del vecino rio Tu guitarra suspirar; Y creen escuchar tu voz En las verdes espadañas, Que se mecen cual las cañas Al soplo del vendabal.
Y hasta creen que las aves Dicen al tomar su vuelo: «Cantando me he de ir al cielo; «Cantando me han de enterrar!» Y te ven junto al fogon, Sin que nada te arrebate, Saboreando amargo mate Veinte y cuatro horas payar.
Tu alma puebla los desiertos, Y del Sud en la campaña Al lado de una cabaña Se eleva fúnebre cruz; Esa cruz, bajo de un tala Solitario, abandonado, Es un símbolo adorado En los campos del Tuyú.
Allí duerme Santos Vega: De las hojas al arrullo Imitar quiere el murmullo De una fúnebre cancion. No hay pendiente de sus gajos Enlutada y mústia lira, Donde la brisa suspira Como un acento de amor.
Pero las ramas del tala Son mil arpas sin modelo, Que formó Dios en el cielo Y arrojó á la soledad; Si el pampero brama airado Y estremece al firmamento, Forma místico concento El árbol y el vendaval.
Esa música espontánea Que produce la natura, Cual tus cantos, sin cultura, Y ruda como tu voz, Tal vez en noche callada, De blanco cráneo en los huecos, Produce los tristes ecos Que oye el pueblo con pavor.
¡Duerme! duerme Santos Vega, Que mientras en el desierto Se oiga ese vago concierto, Tu nombre será inmortal; Y lo ha de escuchar el gaucho Tendido en su duro lecho, Mientras en pajizo techo Cante el gallo matinal.
Duerme mientras se despierte Del alba con el lucero El vigilante tropero Que repita tu cantar, Y que de bosque en laguna, En el repunte ó la hierra, Se alce por toda esta tierra Como un coro popular.
Y mientras el gaucho errante Al cruzar por la pradera, Se detenga en su carrera Y baje del alazan; Y ponga el poncho en el suelo A guisa de pobre alfombra, Y rece bajo esa sombra, ¡Santos Vega, duerme en paz!